El símbolo de Madrid amanece con un chaleco del Sindicato de Inquilinas, banderas y pintadas mientras más de 1 000 personas continúan acampadas en la Puerta del Sol.
El Oso y el Madroño, cubierto de pintadas en plena protesta por la vivienda
La imagen del Oso y el Madroño, uno de los símbolos más reconocibles de Madrid, ha cambiado este miércoles tras aparecer la escultura intervenida en plena Puerta del Sol, donde continúa instalada la acampada vinculada a las protestas por la vivienda.
El monumento ha aparecido con un chaleco del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, además de banderas republicanas y palestinas y diferentes pegatinas y pintadas.
Entre los mensajes visibles en la base de la escultura aparecen símbolos asociados a movimientos anarquistas y comunistas y expresiones como «Eat the Rich». También figura un mensaje dirigido a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con la frase «Ayuso, cuidado».
La intervención se produce mientras la céntrica plaza permanece ocupada por la protesta que comenzó el pasado fin de semana después de una manifestación contra los desahucios y en apoyo de Maricarmen, una mujer de 87 años cuyo desahucio se convirtió en el detonante de la movilización.
Más de un millar de personas siguen acampadas en Sol
La protesta ha ido creciendo desde su comienzo.
Según los datos difundidos por EFE y recogidos por 20minutos, este miércoles permanecían en la Puerta del Sol más de 1 000 personas, distribuidas en aproximadamente 500 tiendas de campaña.
La acampada nació después de la manifestación celebrada el sábado y fue creciendo durante las horas siguientes. Según el relato publicado por El País, las primeras tiendas comenzaron a instalarse de forma rápida en la plaza y posteriormente el campamento se extendió hacia las inmediaciones de la sede de la Comunidad de Madrid.
El Sindicato de Inquilinas reclama al Gobierno la aprobación de un conjunto de medidas que denomina «Decreto Maricarmen», entre ellas contratos de alquiler indefinidos con renovaciones automáticas.
La protesta incorpora símbolos políticos
La presencia de banderas y mensajes políticos ha ido acompañando la evolución de la acampada.
Además del chaleco colocado sobre el monumento, en la zona se han instalado pancartas y otros elementos reivindicativos. Uno de los accesos al Metro de Sol muestra el lema «No violencia activa única salida», mientras distintas zonas de la acampada han recibido nombres de personas vinculadas a diferentes causas sociales y políticas, entre ellas Maricarmen, Pedro Zerolo y Gloria Fuertes.
La protesta también ha incorporado mensajes contra diferentes administraciones y contra el sector inmobiliario y financiero.
Durante la manifestación que dio origen a la acampada se escucharon consignas como «Madrid será la tumba del rentismo» y peticiones de expropiación dirigidas contra los denominados fondos buitre.
¿Quién ha vandalizado el monumento?
Un elemento resulta especialmente relevante para valorar los hechos con rigor: la presencia de manifestantes junto al monumento no demuestra por sí misma quién realizó las pintadas o colocó el chaleco.
La información publicada por 20minutos constata que el monumento apareció intervenido durante la acampada, pero no identifica en el texto consultado al autor material de la acción. Por tanto, no sería correcto atribuir directamente el vandalismo al Sindicato de Inquilinas o a todos los participantes de la protesta sin pruebas adicionales.
La distinción es importante porque el movimiento mantiene una acampada multitudinaria, pero responsabilidad individual y responsabilidad colectiva no son conceptos equivalentes.
La acampada continúa sin incidentes durante la noche
Pese a la polémica generada por el estado del monumento, la Delegación del Gobierno en Madrid indicó que la noche transcurrió sin incidentes en la acampada.
El dato permite separar dos cuestiones diferentes: por un lado, la aparición de pintadas y símbolos sobre uno de los principales monumentos de Madrid; por otro, el desarrollo general de una concentración que continúa ocupando parte de la Puerta del Sol.
La protesta cuenta además con una organización interna cada vez más estructurada. Los participantes han creado comisiones para tareas como limpieza, alimentación y actividades dentro del campamento.
Del desahucio de Maricarmen a una protesta nacional
El origen inmediato de la movilización se encuentra en el caso de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que fue desahuciada de la vivienda en la que residía de alquiler en el distrito madrileño de Retiro.
Su caso provocó una manifestación multitudinaria el sábado y posteriormente el nacimiento de la acampada de Sol.
Las cifras de asistencia a aquella manifestación son objeto de discrepancia. Los organizadores llegaron a hablar de 300 000 participantes, mientras que la Delegación del Gobierno cifró la asistencia en 25 000 personas.
La diferencia entre ambas estimaciones es considerable y constituye un ejemplo de por qué las cifras de participación en movilizaciones deben atribuirse siempre a la fuente correspondiente.
El Gobierno afronta las exigencias del Sindicato de Inquilinas
El Sindicato de Inquilinas ha utilizado la acampada como mecanismo de presión para reclamar al Gobierno la aprobación íntegra de su denominado Decreto Maricarmen.
Entre sus principales reivindicaciones se encuentra la creación de contratos de alquiler indefinidos con renovaciones automáticas, además de otras medidas relacionadas con los desahucios y la protección de los arrendatarios.
La organización ha advertido públicamente de que no considera suficientes medidas parciales y reclama al Ejecutivo una respuesta completa.
El conflicto ha adquirido así una dimensión política que trasciende el caso individual que desencadenó las protestas.
Un símbolo de Madrid convertido en escenario de la protesta
El episodio del Oso y el Madroño añade una nueva dimensión a la acampada.
La estatua es uno de los elementos más reconocibles de la identidad madrileña y se encuentra en uno de los espacios públicos más transitados de España. Que aparezca cubierta de símbolos políticos, pegatinas y mensajes durante una protesta de estas características genera inevitablemente debate sobre los límites de la reivindicación en el espacio público.
La cuestión central no es únicamente qué mensaje transmiten los manifestantes, sino también cómo se desarrolla una protesta cuando afecta a bienes que forman parte del patrimonio urbano y simbólico de todos los madrileños.
En cualquier caso, la atribución de responsabilidades concretas deberá sustentarse en pruebas y no simplemente en la proximidad física entre el monumento y la acampada.
La protesta entra en una nueva fase
La acampada de Sol ya no es una concentración puntual. Tras varios días, el campamento ha adquirido una estructura propia, con centenares de tiendas, organización interna y una agenda reivindicativa.
El Sindicato de Inquilinas ha anunciado nuevas movilizaciones para los próximos días mientras mantiene la presión sobre el Gobierno para que adopte sus reivindicaciones en materia de vivienda.
La intervención del Oso y el Madroño añade ahora un nuevo foco de controversia a una protesta que ya había situado la vivienda, los desahucios y el alquiler en el centro del debate político.
La imagen del monumento con un chaleco sindical y pintadas se ha convertido, en pocas horas, en uno de los elementos más visibles de la acampada.


