Las cofradías reclaman más ayudas al combustible, exenciones de Seguridad Social y compensaciones para los barcos que no puedan salir a faenar.
La pesca de Castellón afronta otra semana crítica. El encarecimiento del gasóleo amenaza la rentabilidad de los barcos, mientras el aumento del coste del hielo, envases, transporte y otros suministros estrecha todavía más los márgenes de las empresas armadoras.
Las cofradías consideran insuficiente el nuevo paquete aprobado por el Gobierno y preparan una respuesta conjunta. La cuestión ya no se limita al precio del combustible: el sector alerta de que la falta de rentabilidad puede traducirse en nuevos amarres, pérdida de tripulantes y mayor dificultad para renovar una flota envejecida.
El problema tiene además una dimensión nacional y europea. La Comisión Europea identifica precisamente el aumento de los costes operativos, el envejecimiento de la flota y la falta de relevo generacional entre los principales desafíos para la viabilidad futura de la pesca comunitaria.
Castellón reclama una respuesta más contundente al Gobierno
Las federaciones de cofradías de toda España tienen previsto analizar la situación y estudiar nuevas medidas de presión ante la evolución de los costes.
Por parte de Castellón, la Federación de Cofradías de Pescadores ha trasladado al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación su preocupación por una situación que considera cada vez más difícil de sostener.
El Gobierno ha prorrogado hasta el 31 de diciembre de 2026 la ayuda compensatoria destinada a las empresas armadoras por el incremento de los costes provocado por el encarecimiento de los combustibles.
Además, el Ejecutivo ha habilitado un suplemento de crédito de 15 millones de euros para financiar esta medida. Así consta en el Real Decreto-ley 25/2026, publicado en el BOE.
Pero para las cofradías el problema no queda resuelto con una prórroga.
La principal preocupación es que el coste real de salir a faenar continúa siendo demasiado elevado y las ayudas no compensan necesariamente la diferencia que soportan todas las embarcaciones.
La ayuda al combustible no convence a los armadores
El sistema de compensación mantiene un mecanismo vinculado a la diferencia entre el precio de referencia del combustible y el precio anterior utilizado para calcular el impacto.
La cuantía está limitada en los pagos intermedios, mientras que el cálculo definitivo puede determinar posteriormente un complemento si corresponde.
Precisamente ahí aparece uno de los principales motivos de malestar del sector: la ayuda máxima teórica no equivale necesariamente a 20 céntimos efectivos por litro para todos los barcos.
Las características de cada embarcación, los días de actividad y el consumo determinan la cantidad final que puede recibir cada armador.
Las cofradías consideran especialmente problemática la utilización de determinados registros de venta para acreditar jornadas de actividad, ya que entienden que puede perjudicar a barcos que salen al mar aunque finalmente no obtengan una venta proporcional a las jornadas trabajadas.
La petición del sector es que el mecanismo sea más previsible.
Los armadores necesitan conocer con antelación qué coste energético pueden asumir y qué ayuda recibirán, especialmente cuando deben decidir si una salida a la mar será rentable.
La propuesta de Castellón: fijar el gasóleo en 0,80 euros
Frente al sistema actual, las cofradías plantean una fórmula mucho más sencilla.
Su propuesta pasa por establecer un umbral de 0,80 euros por litro de combustible.
La idea sería que, mientras el precio se mantuviera por debajo de ese nivel, no existiera compensación. Cuando lo superara, el Estado asumiría la diferencia.
Para los pescadores, este mecanismo permitiría conocer de antemano una parte fundamental de sus costes de explotación.
La petición se suma a otras medidas consideradas prioritarias:
- Exoneración de las cotizaciones a la Seguridad Social durante el último trimestre del año.
- Compensaciones específicas para los barcos obligados a permanecer en puerto por falta de rentabilidad.
- Mayor claridad sobre el cálculo de las ayudas.
- Una reunión directa con el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas.
El objetivo del sector es evitar que el incremento de los costes termine convirtiéndose en una decisión empresarial irreversible: dejar el barco amarrado.
El problema no es solo el gasóleo
El combustible es el principal foco de preocupación, pero no es el único.
Las cofradías han trasladado al Ministerio el incremento acumulado de numerosos costes relacionados con la actividad pesquera.
Entre ellos aparecen:
- Gasóleo.
- Hielo.
- Envases y embalajes.
- Palés.
- Transporte.
- Manipulación.
- Mantenimiento y funcionamiento de las embarcaciones.
A esta situación se añade otro problema: el precio obtenido por el pescado no siempre acompaña al aumento de los costes.
El resultado es una reducción del margen económico que puede convertir determinadas jornadas de pesca en actividades poco o nada rentables.
La situación general del sector europeo confirma que no se trata exclusivamente de una dificultad puntual de Castellón. La Comisión Europea ha señalado que los costes operativos crecientes y la volatilidad del mercado están afectando a la situación económica de parte de la flota comunitaria.
El temor a nuevos amarres
El escenario que más preocupa a las cofradías es que algunos armadores terminen concluyendo que salir a pescar cuesta más de lo que permite ingresar la actividad.
Cuando eso ocurre, la decisión puede ser amarrar temporalmente la embarcación.
Pero una parada prolongada tiene consecuencias que van más allá de un barco que deja de salir.
También afecta a las tripulaciones, a las lonjas, a los transportistas, a las empresas suministradoras y a toda la actividad económica vinculada a los puertos pesqueros.
Las cofradías temen especialmente la pérdida de trabajadores especializados.
Encontrar tripulantes ya supone una dificultad para numerosos operadores del sector. Si las embarcaciones reducen su actividad, parte de esos profesionales puede buscar alternativas laborales fuera de la pesca.
Y recuperar posteriormente esas tripulaciones puede resultar complicado.
El Gobierno admite que no hay margen para nuevas paradas extraordinarias
Otro de los puntos que inquietan al sector es la posibilidad de establecer nuevas paradas temporales extraordinarias.
Según la información trasladada por la Administración a las cofradías, actualmente no existe margen presupuestario para financiar nuevas paradas temporales motivadas por situaciones excepcionales.
La cuestión es especialmente delicada porque una parada financiada puede convertirse en una herramienta de emergencia para evitar que una embarcación opere a pérdidas.
Las cofradías reclaman además que no se mezclen las eventuales paradas provocadas por reducciones de cuota con las destinadas a la recuperación de los recursos pesqueros.
Su argumento es que ambas situaciones responden a problemas diferentes y no deberían consumir necesariamente el mismo límite temporal.
La pesca europea también afronta una crisis estructural
La situación de Castellón encaja en un problema más amplio.
Una investigación publicada por la Comisión Europea en abril de 2026 concluyó que la flota pesquera de la Unión Europea ha reducido su capacidad, pero que esa reducción no ha eliminado completamente el desequilibrio entre la capacidad de pesca y los recursos disponibles.
El estudio identifica varios problemas simultáneos:
- Aumento de los costes operativos.
- Volatilidad de los mercados.
- Presión sobre determinadas poblaciones de peces.
- Envejecimiento de la flota.
- Envejecimiento de la mano de obra.
- Necesidad de modernizar los barcos y mejorar sus condiciones de trabajo.
La Comisión considera que la modernización de la flota y el relevo generacional serán fundamentales para mantener la competitividad del sector.
Es precisamente aquí donde las demandas de las cofradías castellonenses conectan con el debate europeo.
Una flota envejecida necesita inversión
El problema del combustible puede aliviarse mediante ayudas temporales, pero no resuelve por sí solo la falta de renovación de la flota.
Un barco antiguo suele soportar mayores costes de mantenimiento y puede tener una eficiencia energética inferior a la de una embarcación moderna.
Para las cofradías, la renovación debe permitir retirar barcos antiguos o inactivos y facilitar su sustitución por embarcaciones adaptadas a las nuevas exigencias económicas y ambientales.
Bruselas ha reconocido recientemente la necesidad de facilitar la modernización.
En septiembre de 2026, la Comisión Europea propuso cambios para simplificar el acceso a la financiación pesquera y permitir una mayor flexibilidad para modernizar embarcaciones y sustituir o actualizar motores, además de reforzar las medidas destinadas al relevo generacional.
La propuesta todavía debe seguir su recorrido institucional.
El futuro europeo de la pesca se juega a partir de 2028
Otro de los grandes debates se encuentra en el próximo marco financiero de la Unión Europea para 2028-2034.
La Comisión ha planteado una reorganización de la financiación europea para pesca, acuicultura y comunidades costeras, con un sistema que pretende ofrecer mayor flexibilidad y capacidad de respuesta ante crisis y acontecimientos excepcionales.
El planteamiento también contempla el apoyo al relevo generacional, la competitividad y la transición del sector.
Sin embargo, el problema para Castellón es el calendario.
Aunque las nuevas herramientas financieras entren en funcionamiento a partir de 2028, los efectos reales sobre una flota concreta pueden tardar años en materializarse.
Mientras tanto, los armadores deben afrontar los costes actuales.
La tensión entre sostenibilidad y supervivencia económica
La pesca europea se encuentra atrapada entre dos necesidades que no siempre resultan fáciles de conciliar.
Por un lado, la Unión Europea mantiene como objetivo la recuperación y sostenibilidad de los recursos pesqueros. La Comisión señala que todavía existen problemas importantes en determinadas zonas y poblaciones, entre ellas el Mediterráneo occidental.
Por otro, las comunidades pesqueras necesitan mantener una actividad económicamente viable.
La flota comunitaria cuenta actualmente con unos 69 000 buques y más de 155 200 trabajadores, según la Comisión Europea. La capacidad de la flota volvió a reducirse en 2025.
Para las cofradías, la sostenibilidad ambiental no puede separarse de la sostenibilidad económica.
Un sector que pierde barcos y trabajadores también pierde capacidad para mantener la actividad pesquera a largo plazo.
Castellón llega a la reunión con pocas certezas
La reunión de las federaciones de cofradías adquiere así una importancia especial.
El sector deberá decidir si considera suficientes las medidas aprobadas por el Gobierno o si, por el contrario, aumenta la presión para conseguir nuevas ayudas.
La prórroga hasta diciembre y los 15 millones de euros adicionales aportan cierto margen, pero no resuelven las cuestiones estructurales denunciadas por los pescadores.
La discusión tampoco se limita ya a cuánto cuesta el gasóleo.
La pregunta de fondo es si los barcos castellonenses pueden seguir siendo rentables bajo las actuales condiciones de costes, precios, cuotas y regulación.
Si la respuesta de algunos armadores es negativa, el problema puede trasladarse rápidamente desde la cuenta de resultados a los puertos y a las tripulaciones.
Una crisis que exige algo más que una ayuda temporal
La situación de la pesca de Castellón refleja un dilema que afecta a buena parte del sector europeo.
Una ayuda al combustible puede evitar un golpe inmediato, pero no sustituye una política de renovación de flota, relevo generacional y estabilidad económica.
El propio análisis de la Comisión Europea apunta a que los problemas estructurales de la flota van más allá de una coyuntura concreta de precios. Costes crecientes, volatilidad, envejecimiento de los barcos y falta de trabajadores forman parte de un mismo problema.
Los pescadores de Castellón afrontan ahora una decisión que puede marcar los próximos meses: aceptar las medidas disponibles, reclamar nuevas compensaciones o elevar la presión sobre el Gobierno.
Mientras tanto, cada jornada que un barco decide no salir tiene un coste que va mucho más allá del gasóleo.
La pesca de Castellón necesita combustible para salir al mar, pero también un horizonte económico que permita a sus barcos y a sus tripulaciones seguir existiendo.
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