El Gobierno yemení reconocido internacionalmente ha ordenado una gran operación militar contra los hutíes tras semanas de escalada. La batalla amenaza con agravar el conflicto yemení y aumentar la tensión en el estratégico mar Rojo.
Yemen pasa de los preparativos a la ofensiva abierta
El presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen, Rashad al Alimi, anunció el 4 de octubre el comienzo de operaciones militares destinadas a recuperar los territorios controlados por los hutíes y extender nuevamente la autoridad de las instituciones estatales.
Al Alimi justificó la decisión alegando que se han agotado las oportunidades para una desescalada. El Gobierno sostiene que la ofensiva pretende recuperar la soberanía territorial y acabar con la existencia de fuerzas armadas fuera de la autoridad del Estado.
El portavoz militar yemení, Majid al Nuzaili, presentó la operación como una «batalla por la liberación» y afirmó que las fuerzas gubernamentales pretenden recuperar todo el territorio nacional.
La ofensiva cuenta con el respaldo de Arabia Saudí, principal apoyo regional del Gobierno reconocido internacionalmente.
Los hutíes controlan Saná y amplias zonas del país
Los hutíes, conocidos formalmente como Ansar Allah, controlan desde 2014 la capital, Saná, además de amplias zonas del norte y el oeste de Yemen.
El conflicto ha convertido al país en uno de los principales escenarios de confrontación regional. Los hutíes mantienen vínculos con Irán, mientras que el Gobierno reconocido internacionalmente ha recibido durante años apoyo político y militar de Arabia Saudí y otros socios.
La situación ha cambiado de forma significativa durante las últimas semanas. Según Reuters, los hutíes lanzaron en septiembre una ofensiva que les permitió hacerse con posiciones estratégicas, incluida una parte importante de la costa del mar Rojo y el entorno del estrecho de Bab el Mandeb.
Ese estrecho tiene una importancia que trasciende las fronteras yemeníes: constituye uno de los principales corredores marítimos entre el mar Rojo y el golfo de Adén.
Taiz se convierte en uno de los principales frentes
Uno de los puntos más sensibles de la nueva escalada es Taiz, en el suroeste del país.
Las fuerzas gubernamentales y los hutíes llevan semanas combatiendo en diferentes frentes. El avance hutí hacia zonas estratégicas ha aumentado la presión sobre las fuerzas leales al Gobierno y ha elevado el riesgo de que la guerra vuelva a adquirir una dimensión territorial mucho mayor.
La operación anunciada por Al Alimi supone, por tanto, un cambio respecto al escenario de relativa contención que había caracterizado buena parte de los últimos años.
Misiles, drones y ataques contra instalaciones petroleras
La escalada ya ha traspasado las líneas del frente terrestre.
El portavoz hutí Yahya Sarea afirmó que Arabia Saudí había realizado alrededor de 50 ataques aéreos y con misiles en 12 horas contra Saná y varias provincias yemeníes. También aseguró que el movimiento había respondido mediante ataques con misiles balísticos y drones contra instalaciones de Saudi Aramco en Riad y Khurais.
Estas afirmaciones sobre los daños provocados en las instalaciones petroleras no han sido verificadas de forma independiente, por lo que deben tratarse como declaraciones de una de las partes enfrentadas.
La amenaza sobre infraestructuras energéticas añade una dimensión económica al conflicto. Cualquier interrupción significativa del tráfico marítimo o de las instalaciones petroleras de la región puede tener repercusiones internacionales.
Bab el Mandeb, el punto estratégico que preocupa al mundo
El control del estrecho de Bab el Mandeb constituye uno de los principales elementos estratégicos de la actual crisis.
La vía conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y se encuentra próxima a una de las rutas marítimas fundamentales entre Europa y Asia.
Por eso, el conflicto yemení no puede analizarse únicamente como una guerra interna. El control de la costa yemení puede afectar a la seguridad de la navegación internacional y convertir el territorio en un escenario de confrontación entre actores regionales y potencias externas.
Reuters señala que los recientes avances hutíes sobre el litoral del mar Rojo han aumentado su capacidad de presión sobre una ruta marítima internacional de importancia estratégica.
Arabia Saudí vuelve a desempeñar un papel central
Riad lidera desde 2014 la coalición que respalda al Gobierno yemení frente a los hutíes.
La nueva ofensiva vuelve a colocar a Arabia Saudí en el centro de la guerra. Según Reuters, Estados Unidos está proporcionando inteligencia para apoyar las operaciones saudíes, mientras que determinados países regionales y europeos han proporcionado principalmente asistencia militar defensiva.
El riesgo es que la guerra deje de estar limitada al territorio yemení y vuelva a convertirse en un conflicto regional abierto.
Los ataques contra instalaciones petroleras saudíes y las amenazas contra bases militares muestran precisamente hasta qué punto las consecuencias pueden extenderse más allá de las fronteras de Yemen.
El Gobierno ofrece una salida a los combatientes hutíes
Al Alimi ha asegurado que la ofensiva no tiene como objetivo a la población civil de las zonas controladas por los hutíes.
El presidente yemení afirmó que la campaña pretende recuperar las instituciones estatales y someter las armas a la autoridad gubernamental. También anunció que continúa vigente una oferta de amnistía y retorno seguro para quienes abandonen las armas y dejen de combatir junto a los hutíes.
El Gobierno ha pedido además a los civiles que se mantengan alejados de instalaciones militares, concentraciones de tropas y líneas de suministro.
La cuestión humanitaria será uno de los principales desafíos de la ofensiva. Una nueva campaña militar sobre zonas densamente pobladas podría aumentar los desplazamientos y dificultar todavía más el acceso de la población a alimentos, asistencia médica y servicios básicos.
Una guerra que vuelve a internacionalizarse
La guerra de Yemen comenzó a adquirir su configuración actual después de que los hutíes tomaran Saná en 2014. La intervención militar liderada por Arabia Saudí comenzó posteriormente, pero no consiguió resolver el conflicto.
En 2022 se alcanzó una tregua que redujo sustancialmente la intensidad de los combates durante un largo periodo. Sin embargo, el equilibrio se ha deteriorado durante 2026.
La nueva ofensiva gubernamental llega después de una sucesión de ataques y avances territoriales que han vuelto a colocar a Yemen en el centro de la crisis de Oriente Próximo.
El elemento que diferencia esta fase de anteriores episodios de violencia es la combinación de control territorial, presión sobre las rutas marítimas, ataques con drones y misiles e implicación directa o indirecta de potencias regionales.
¿Qué puede ocurrir ahora?
El anuncio de la ofensiva abre varios escenarios relevantes:
- Escalada militar: los hutíes pueden responder ampliando sus ataques contra Arabia Saudí y objetivos vinculados a la coalición.
- Presión sobre Bab el Mandeb: cualquier combate en la costa puede afectar a la seguridad de la navegación internacional.
- Nueva crisis humanitaria: el desplazamiento de población y la destrucción de infraestructuras pueden agravar una situación ya extremadamente frágil.
- Mayor implicación internacional: Estados Unidos, Arabia Saudí y otros países pueden aumentar su participación, directa o indirectamente.
- Negociaciones futuras: la amnistía anunciada por el Gobierno podría abrir una vía para que algunos combatientes abandonen las filas hutíes, aunque la viabilidad de esa salida dependerá de la evolución militar.
La clave ya no es solo quién controla Saná
La batalla anunciada por el Gobierno yemení tiene una dimensión que supera la disputa por la capital.
Yemen se encuentra en el centro de una pugna por el territorio, el poder regional y una de las rutas marítimas más importantes del planeta. La recuperación de las zonas controladas por los hutíes requeriría una campaña militar de gran envergadura y, previsiblemente, una operación política posterior capaz de reconstruir las instituciones estatales.
El resultado dependerá no solo de la capacidad militar de las fuerzas gubernamentales, sino también de la reacción hutí, del respaldo de Arabia Saudí y de la implicación de los actores internacionales.
La ofensiva de Yemen contra los hutíes abre así una nueva fase de un conflicto que lleva más de una década sin una solución definitiva. El riesgo inmediato es que una guerra que parecía contenerse vuelva a convertirse en uno de los principales focos de inestabilidad de Oriente Próximo.
Ahora mismo no se pueden mostrar productos de esta tienda.


