Los sindicatos reclaman elevar el salario mínimo hasta 18.290,58 euros brutos anuales en 2027. La propuesta reabre el debate sobre los salarios bajos, los costes empresariales y el empleo.
El salario mínimo interprofesional vuelve al centro de la negociación laboral. Los sindicatos quieren que aumente al menos un 7 % en 2027, una subida que situaría el mínimo legal en 18.290,58 euros brutos al año, frente a los 17.094 euros fijados para 2026. La propuesta supondría elevar la cuantía mensual hasta unos 1.306,47 euros brutos en 14 pagas.
La cifra adquiere especial relevancia porque, según la información publicada por ABC, alrededor de cinco millones de trabajadores podrían cobrar el salario mínimo o situarse en su entorno si prospera la propuesta sindical. No significa necesariamente que todos vayan a recibir directamente esa subida: el efecto dependerá de sus salarios actuales, sus jornadas, los convenios colectivos y la estructura retributiva de cada empresa.
El debate va más allá de cuánto debe aumentar una nómina. Enfrenta la necesidad de mejorar el poder adquisitivo de quienes cobran menos con las dificultades que pueden afrontar negocios con márgenes reducidos, especialmente en sectores intensivos en mano de obra. También plantea una cuestión de fondo: ¿basta con elevar el salario mínimo para mejorar los ingresos o es necesario impulsar también la productividad y la capacidad de las empresas para pagar mejores sueldos?
¿Cuánto subiría el salario mínimo en 2027?
La propuesta sindical parte de la cuantía vigente en 2026. El Real Decreto 126/2026 fijó el SMI en 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas, equivalentes a 17.094 euros brutos anuales. <Cite refs={[«turn514205search7″,»turn514205search24»]}/>
Si se aplica una subida del 7 %, el resultado sería el siguiente:
- SMI anual actual: 17.094 euros brutos.
- Subida anual propuesta: 1.196,58 euros.
- SMI anual resultante: 18.290,58 euros brutos.
- Cuantía mensual en 14 pagas: aproximadamente 1.306,47 euros.
- Incremento mensual: unos 85,47 euros brutos por paga.
Estas cantidades son una simulación matemática de la propuesta sindical, no el importe definitivo del salario mínimo para 2027. La cuantía final tendrá que determinarse mediante el procedimiento correspondiente y aprobarse oficialmente.
Además, el salario bruto no equivale necesariamente al dinero que llega a la cuenta bancaria. El importe neto depende de las cotizaciones, de la situación personal y familiar y del tratamiento fiscal que resulte aplicable.
Cinco millones de trabajadores, en el centro de la discusión
La estimación de que cinco millones de personas podrían cobrar el mínimo o situarse cerca de él refleja la importancia de los salarios bajos en el mercado laboral español. Sin embargo, es necesario distinguir entre quienes perciben actualmente el SMI, quienes podrían beneficiarse directamente de su actualización y quienes cobran algo más, pero verían cómo se reduce la distancia entre su sueldo y el nuevo umbral legal.
Una subida del salario mínimo afecta directamente a los trabajadores cuyos salarios computables no alcanzan la nueva cuantía legal para su jornada. En otros casos, el impacto puede llegar a través de los convenios colectivos, de las tablas salariales o de las decisiones de las empresas para mantener diferencias entre categorías profesionales.
No todos los trabajadores que cobran cerca del mínimo recibirán automáticamente un incremento del 7 %. Si un empleado ya gana más que el nuevo SMI aplicable, la actualización no implica por sí sola que su sueldo tenga que aumentar en el mismo porcentaje.
Esta distinción es fundamental para interpretar la cifra de los cinco millones. El número de trabajadores situados en los tramos salariales inferiores no equivale necesariamente al número de beneficiarios directos de la subida. Para cuantificar ese impacto harían falta la metodología y los datos concretos utilizados en la estimación.
Los sindicatos presionan para elevar el salario mínimo
La propuesta llega después de que el Ministerio de Trabajo iniciara el proceso de análisis del SMI para 2027. El 8 de octubre de 2026, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, presidió la primera reunión de la Comisión Asesora para el Análisis del Salario Mínimo Interprofesional, encargada de elaborar un informe para la actualización de esta referencia salarial. <Cite refs={[«turn514205search0»]}/>
La discusión deberá considerar la evolución de los salarios, el coste de la vida y los criterios legales que rigen la fijación del mínimo. La propuesta de los sindicatos de aumentar al menos un 7 % marca una posición negociadora, pero no debe confundirse con una decisión adoptada por el Gobierno.
El objetivo de los representantes sindicales es elevar los ingresos de los trabajadores con menor capacidad salarial y evitar que pierdan poder adquisitivo. La discusión también está vinculada al objetivo de que el salario mínimo alcance el 60 % del salario medio, en línea con el marco de la Carta Social Europea y los criterios que se han utilizado en las actualizaciones anteriores.
La cuestión es cómo traducir ese objetivo en una cifra concreta sin ignorar la evolución de la economía, las diferencias entre sectores y la capacidad de pago de las empresas.
Más salario para los trabajadores, más costes para algunas empresas
El aumento del SMI tiene efectos distintos según la situación de cada empresa. Para los trabajadores afectados, una subida eleva el salario bruto mínimo que deben percibir por su jornada. Para los empleadores, incrementa el coste salarial de los puestos que necesitan ajustarse al nuevo umbral y puede repercutir también en las cotizaciones y en otros conceptos vinculados a la remuneración.
El impacto no será idéntico en todas las actividades. Las empresas con mayor productividad o márgenes amplios pueden disponer de más capacidad para absorber el incremento. En cambio, algunos negocios de hostelería, comercio, agricultura, limpieza o cuidados tienen una proporción elevada de costes laborales y menos margen para compensarlos.
Ante un aumento de costes, las empresas pueden reaccionar de diferentes maneras: asumir una reducción de sus márgenes, ajustar precios, reorganizar procesos, invertir en productividad o moderar nuevas contrataciones. No es correcto afirmar que una subida del SMI destruya empleo de forma automática, pero tampoco que carezca de posibles efectos sobre la contratación y los costes empresariales. El resultado depende de la magnitud del aumento y de las condiciones del mercado laboral.
Por ese motivo, la evaluación económica necesita datos sectoriales y estudios que permitan identificar los efectos reales sobre los salarios, el empleo, las horas trabajadas y la actividad empresarial. Las previsiones generales no bastan para determinar qué ocurrirá en cada sector.
El riesgo de que se estrechen las diferencias salariales
Una de las cuestiones que plantea la subida es la compresión salarial: cuando el salario mínimo aumenta, los sueldos de los trabajadores con menor remuneración se acercan a los de empleados que tienen más experiencia, responsabilidad o formación.
Esto no significa que la actualización del SMI obligue automáticamente a elevar todos los salarios superiores. Sin embargo, puede generar negociaciones dentro de las empresas y los convenios para conservar diferencias entre categorías profesionales.
Si el sueldo de un trabajador cualificado queda demasiado cerca del mínimo legal, pueden aparecer demandas de revisión salarial. El alcance de este fenómeno dependerá de las tablas de cada convenio y de las decisiones que adopten las partes negociadoras.
El debate, por tanto, no se limita a los trabajadores que cobran exactamente el SMI. También afecta a la estructura de las remuneraciones y a los incentivos para asumir mayores responsabilidades, adquirir formación o progresar profesionalmente.
¿Puede la subida mejorar el poder adquisitivo?
El objetivo inmediato de elevar el SMI es aumentar la remuneración mínima de los trabajadores afectados. Sin embargo, el efecto sobre su poder adquisitivo dependerá de la evolución de los precios y de cuánto dinero reciban finalmente después de las deducciones aplicables.
Si los precios de la vivienda, la alimentación, la energía y el transporte suben con rapidez, una parte de la mejora nominal puede perderse. Por eso, el análisis del salario mínimo debe observar tanto la cantidad bruta como la evolución del coste de la vida y de los ingresos disponibles.
También conviene distinguir entre una mejora salarial individual y la situación general de los hogares. El salario mínimo no resuelve por sí solo problemas como el acceso a la vivienda, la temporalidad, las jornadas parciales no deseadas o la falta de oportunidades laborales en determinados territorios.
Una política eficaz para elevar los ingresos necesita combinar salarios suficientes con un mercado laboral capaz de generar empleo estable y empresas productivas. Esa combinación resulta especialmente importante para los jóvenes y para los trabajadores que intentan acceder a su primer empleo o mejorar su situación profesional.
Qué falta para conocer la subida definitiva del SMI
El proceso para fijar el salario mínimo de 2027 sigue abierto. La Comisión Asesora debe elaborar su informe y el Gobierno tendrá que determinar la cuantía definitiva conforme al procedimiento legal.
Antes de dar por hecha una subida del 7 %, quedan por conocer el contenido final de las recomendaciones, la posición del Ejecutivo y el resultado de las conversaciones con los agentes sociales.
También será importante comprobar cómo se calcula la estimación de cinco millones de trabajadores que cobrarían el mínimo o se situarían cerca de él, así como cuántos percibirían una mejora directa y cuántos quedarían afectados indirectamente por cambios en los convenios.
La propuesta sindical pone de manifiesto la dimensión de los salarios bajos en España, pero el resultado final no puede evaluarse únicamente por el porcentaje anunciado. Será necesario observar cuánto aumenta el salario efectivo, cómo evoluciona el poder adquisitivo y qué ocurre con el empleo y la capacidad de las empresas para mantener sus plantillas.
La subida del SMI al 7 % todavía es una propuesta, no una decisión definitiva. El reto será mejorar los ingresos de los trabajadores con menor remuneración sin perder de vista la productividad, las diferencias sectoriales y la sostenibilidad del empleo.


