La rebaja de la tasa de alcoholemia queda en el aire tras la convocatoria electoral. El director de la DGT critica el bloqueo político de una reforma que pretendía endurecer los límites para conducir.
La reforma de la tasa de alcohol al volante vuelve a quedar pendiente en un momento en el que la seguridad vial y los intereses económicos chocan en el debate público. Pere Navarro, director general de Tráfico, lamenta que la iniciativa no haya salido adelante y denuncia que «el interés general no está de moda».
Las declaraciones se produjeron durante la presentación de la campaña «Elegir SIN al volante es la caña», impulsada junto a Cerveceros de España. El acto coincidió con la difusión de un estudio sobre el consumo de cerveza sin alcohol y con las preguntas sobre el futuro de la reforma legislativa que pretendía reducir los límites permitidos para conducir.
El debate se ha complicado por la convocatoria de elecciones y la disolución de las Cortes, que han dejado la iniciativa sin completar su recorrido parlamentario, según la información publicada por MARCA el 9 de octubre de 2026.
La reforma de la tasa de alcohol se queda en suspenso
La propuesta pretendía modificar el artículo 76 de la Ley de Tráfico para endurecer el tratamiento de determinadas tasas de alcoholemia. Según la información difundida, los umbrales planteados eran 0,1 miligramos de alcohol por litro de aire espirado o 0,2 gramos por litro de sangre.
La iniciativa había superado un primer trámite parlamentario: el 29 de septiembre, el Pleno del Congreso aprobó su toma en consideración. Sin embargo, ese paso no equivalía a la aprobación definitiva de la reforma ni suponía que los nuevos límites hubieran entrado en vigor.
La convocatoria electoral ha interrumpido el proceso legislativo. Por tanto, los límites vigentes no cambian automáticamente por la presentación de una proposición de ley ni por su toma en consideración. Para que una modificación de este tipo sea aplicable, debe completar los trámites necesarios y entrar en vigor conforme a lo establecido legalmente.
Navarro lamentó el desenlace y explicó que la propuesta parecía encarrilada antes de la convocatoria electoral.
«El interés general no está de moda»: la crítica de Pere Navarro
El máximo responsable de la Dirección General de Tráfico expresó su frustración por la paralización de la iniciativa. «El tema estaba atado, parecía que iba a salir, pero se han convocado elecciones», afirmó, según recoge MARCA.
Navarro también se refirió a las gestiones de los representantes del sector del alcohol ante los grupos parlamentarios. En concreto, sostuvo que el denominado «lobby del alcohol» había acudido a hablar con distintas formaciones políticas y planteó el debate como una elección entre esos intereses y las víctimas de los siniestros de tráfico.
El director de la DGT fue más allá al calificar la cuestión como «una decisión ética y moral» y reclamar responsabilidad individual. También manifestó su confianza en que la reforma termine aprobándose en el futuro.
Su frase más contundente resumió su diagnóstico político: «El interés general no está de moda».
Las declaraciones trasladan la discusión desde los límites técnicos de alcoholemia hasta una cuestión más amplia: qué prioridad deben otorgar los representantes públicos a la seguridad vial cuando una reforma genera oposición o afecta a intereses económicos.
¿Habría bastado una caña para cometer una infracción?
Uno de los puntos más sensibles de la propuesta es la posibilidad de que una cantidad pequeña de alcohol pudiera situar a un conductor por encima del umbral sancionable.
La información publicada relaciona los límites planteados con el consumo de una caña o media copa de vino. Sin embargo, no existe una equivalencia universal entre una bebida concreta y una tasa de alcoholemia.
El resultado depende de diversos factores, como la cantidad consumida, la graduación de la bebida, el tiempo transcurrido, el peso y las características individuales de la persona. Por ello, no puede asegurarse que una caña produzca siempre una tasa determinada ni que permita anticipar el resultado de un control.
La propuesta buscaba reducir el margen legal, pero sus consecuencias concretas habrían dependido de la redacción definitiva de la norma y de su aplicación. Mientras no entre en vigor una modificación, no debe presentarse el umbral propuesto como si fuera ya el límite legal aplicable.
En cualquier caso, la recomendación preventiva sigue siendo clara: si se va a conducir, la opción más segura es no consumir alcohol.
Cerveceros de España impulsa el consumo de cerveza sin alcohol
La polémica se produjo durante la presentación de la campaña «Elegir SIN al volante es la caña», en la que participaron Pere Navarro y Jacobo Olaya, presidente de Cerveceros de España.
La iniciativa promueve la cerveza sin alcohol como alternativa para quienes desean consumir una bebida de este tipo sin comprometer la conducción. Durante el acto también se difundieron los resultados del estudio «Hábitos y contextos de consumo de la cerveza SIN».
Según los datos recogidos por Europa Press y reproducidos por MARCA, el 47,3 % de los conductores encuestados afirma elegir cerveza sin alcohol cuando tiene que conducir.
El porcentaje apunta a que esta alternativa tiene presencia entre los hábitos de consumo de una parte de los conductores. No obstante, para valorar correctamente el resultado sería necesario conocer la ficha técnica completa del estudio, incluido el tamaño y la composición de la muestra, la metodología utilizada y la fecha de realización.
También conviene distinguir entre cerveza sin alcohol y cerveza de graduación reducida: la denominación y el contenido alcohólico del producto deben comprobarse en el etiquetado. Si el objetivo es evitar cualquier consumo de alcohol antes de conducir, la elección más prudente es una bebida que no contenga alcohol.
Una reforma pendiente desde hace años
La iniciativa se plantea como una actualización de unas reglas que, según las declaraciones recogidas en la noticia original, llevan 28 años en vigor. Navarro considera que la reducción de los límites acabará llegando, aunque no haya podido culminar durante esta legislatura.
El bloqueo abre varias cuestiones políticas. La primera es si la futura composición del Congreso permitirá recuperar la propuesta y con qué condiciones. La segunda es si se mantendrán los umbrales inicialmente planteados o si los grupos parlamentarios negociarán una redacción diferente.
También queda por determinar qué calendario seguiría una nueva iniciativa y cuánto tiempo necesitaría para superar las distintas fases legislativas. La aprobación de una toma en consideración no garantiza que una proposición termine convertida en ley.
Por ahora, la convocatoria electoral ha impedido completar el proceso descrito en la información publicada. Cualquier afirmación sobre una futura fecha de entrada en vigor sería prematura mientras no exista una norma aprobada y publicada oficialmente.
Seguridad vial, responsabilidad política e intereses económicos
La discusión sobre la tasa de alcohol no se limita a una disputa entre partidos. Afecta a la prevención de accidentes, a la responsabilidad individual y a la manera en que se diseñan las políticas públicas.
La posición de Navarro es que la reducción de los límites constituye una medida de interés general que no debería quedar paralizada por la confrontación política. Su crítica, sin embargo, no resuelve por sí sola las preguntas sobre el alcance definitivo de la reforma, sus mecanismos de aplicación o su calendario.
La participación de Cerveceros de España en el acto añade otra dimensión al debate: la convivencia entre la promoción de alternativas sin alcohol y la actividad económica de un sector vinculado a las bebidas alcohólicas. La presencia de representantes de la industria no demuestra por sí misma que exista una relación causal entre sus actuaciones y el resultado parlamentario. Para sostener esa conclusión sería necesario examinar las reuniones, las posiciones públicas de los grupos y la documentación legislativa.
Lo que sí queda claro es que la reforma no había completado su tramitación cuando se convocaron las elecciones. La tasa que se pretendía introducir no debe confundirse con la normativa actualmente vigente, y el debate tendrá que retomarse por los cauces legales si los nuevos responsables políticos deciden recuperarlo.
La cuestión de fondo sigue abierta: ¿logrará la próxima legislatura sacar adelante una rebaja de los límites de alcoholemia o volverá a quedar atrapada en el enfrentamiento político y los intereses contrapuestos?


