La Policía Nacional despliega uno de sus mayores dispositivos recientes en Ceuta para iniciar el desalojo por fases de más de 3 500 migrantes asentados en El Trampolín.
Ceuta ha amanecido este domingo 4 de octubre con un despliegue policial extraordinario en una de sus playas. Más de 350 agentes, decenas de furgones, vehículos blindados, drones y efectivos marítimos participan en la primera fase del desalojo del enorme asentamiento improvisado de El Trampolín.
La operación comenzó alrededor de las 7:30-8:00 horas y tiene como objetivo trasladar progresivamente a las personas que llevan semanas instaladas en tiendas y estructuras improvisadas junto al litoral ceutí.
La magnitud del campamento explica las dimensiones del dispositivo.
La estimación utilizada por las autoridades sitúa en más de 3 500 personas la población del asentamiento, una cifra calculada, entre otros indicadores, a partir del número de raciones de comida distribuidas diariamente.
Sin embargo, la Policía no pretende desalojar a todas ellas este domingo.
No existen suficientes plazas disponibles en los dispositivos de acogida, por lo que la intervención se desarrollará por fases.
Más de 350 policías toman posiciones en El Trampolín
El despliegue resulta excepcional por sus dimensiones.
Según la información facilitada por la Jefatura Superior de Policía en Ceuta al medio local El Pueblo de Ceuta, participan más de 350 policías.
Sobre el terreno se han desplegado más de 30 furgones policiales.
A ellos se suman dos Blindados Medios sobre Ruedas (BMR) y un Vehículo de Alta Movilidad Táctico (VAMTAC) adscritos al dispositivo de las Unidades de Intervención Policial.
También intervienen drones.
En el mar, el Servicio Marítimo de la Guardia Civil presta apoyo a la operación, mientras la Policía Local también colabora con el dispositivo.
Los tres vehículos especiales habían llegado a Ceuta por barco durante los días previos ante la dimensión prevista de la intervención.
La Policía comienza a levantar el asentamiento
Los agentes comenzaron a desplegarse sobre la arena a primera hora de la mañana.
El objetivo inicial es concentrar a grupos de migrantes y trasladarlos progresivamente en autobuses hacia la zona del Tarajal.
Allí se abren diferentes posibilidades dependiendo de cada situación.
Una de ellas es dirigirse al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) para realizar los correspondientes procedimientos de identificación y triaje.
Otra posibilidad comunicada por las autoridades es el retorno voluntario a Marruecos a través de la frontera.
La Policía ha insistido en que el operativo de este domingo constituye solamente una primera fase.
No hay plazas para trasladar a las 3 500 personas
Este es uno de los principales problemas de la operación.
La cantidad de personas que permanecen en El Trampolín supera la capacidad disponible para reubicarlas simultáneamente.
Por eso, la intervención se está realizando de manera escalonada.
El objetivo inmediato consiste en despejar principalmente el sector situado en las proximidades de la planta desalinizadora de Ceuta, una infraestructura estratégica para el abastecimiento de agua de la ciudad.
Posteriormente está previsto impedir que vuelvan a instalarse asentamientos en el espacio recuperado.
La operación sigue así el modelo aplicado recientemente en playa Benítez, aunque las dimensiones son muy diferentes.
El precedente de playa Benítez
Antes de intervenir en El Trampolín, las autoridades habían desmantelado otro asentamiento situado en la playa de Benítez.
Allí permanecían aproximadamente entre 300 y 400 personas, según las estimaciones publicadas por medios locales.
Una gran parte optó por regresar voluntariamente a Marruecos, según la versión facilitada por las autoridades.
El Ministerio del Interior sostiene que los retornos ofrecidos en estas operaciones tienen carácter voluntario.
Sin embargo, este procedimiento también ha generado controversia.
Dos migrantes marroquíes desalojados de Benítez aseguraron a El País que fueron obligados a regresar y que no dispusieron de una oportunidad efectiva para solicitar protección internacional.
Interior rechaza esa versión y mantiene que el retorno fue voluntario.
Por tanto, existen versiones contrapuestas sobre esos casos concretos y no corresponde presentar ninguna de ellas como un hecho definitivamente acreditado.
El Trampolín multiplica el desafío
El problema de El Trampolín tiene una escala muy superior.
Frente a los pocos cientos de personas que permanecían en Benítez, las autoridades estiman que más de 3 500 migrantes se encuentran en esta playa.
Durante semanas han levantado tiendas, refugios y estructuras improvisadas.
La dimensión del asentamiento ha obligado al Ministerio del Interior a incrementar considerablemente los recursos disponibles.
La Policía también había estudiado previamente la distribución del campamento mediante imágenes terrestres y aéreas para preparar la intervención y reducir el riesgo de incidentes.
Temor a avalanchas durante el desalojo
Uno de los riesgos que más preocupa a los responsables del operativo es precisamente la concentración de miles de personas en un espacio limitado.
La Policía pretende evitar avalanchas o estampidas.
La falta de plazas suficientes introduce además otro factor de tensión: no todos los ocupantes pueden abandonar el asentamiento simultáneamente hacia los recursos de acogida.
Los agentes han ido concentrando a las personas en determinados puntos antes de permitir el acceso por pequeños grupos a los autobuses.
Hasta las primeras horas de la operación no se habían producido incidentes destacables, según las informaciones publicadas desde el terreno.
La contaminación del agua añade un problema sanitario
La situación de El Trampolín no es únicamente policial o migratoria.
También existe un problema sanitario.
Los análisis realizados en el agua de la zona detectaron contaminación microbiológica, incluida presencia de E. coli y enterococos, según las informaciones publicadas sobre el dispositivo.
Pese a ello, parte de las personas instaladas en la playa continuaba utilizando el agua para diferentes actividades cotidianas.
El hacinamiento, la ausencia de instalaciones adecuadas y la acumulación de residuos habían deteriorado las condiciones del asentamiento.
Este problema sanitario se suma a la necesidad de proteger el entorno de la desalinizadora.
El operativo llega después de la crisis migratoria de julio
Para entender cómo una playa de Ceuta ha terminado acogiendo a miles de personas hay que remontarse a finales de julio.
La ciudad autónoma sufrió entonces una entrada extraordinariamente elevada de personas desde Marruecos.
Las estimaciones sobre la dimensión total de aquella crisis han variado conforme las autoridades han ido actualizando los recuentos.
Reuters informó recientemente de que más de 72 000 migrantes cruzaron desde Marruecos durante la crisis iniciada a finales de julio, mientras miles permanecieron posteriormente en Ceuta en condiciones muy precarias.
Aquella entrada masiva desbordó inicialmente los recursos disponibles.
Muchas personas terminaron durmiendo al aire libre o creando asentamientos improvisados en diferentes zonas.
El Trampolín se convirtió en uno de los mayores.
Una crisis que lleva más de dos meses condicionando Ceuta
La presión extraordinaria sobre una ciudad de dimensiones reducidas ha generado problemas simultáneos de acogida, seguridad, atención humanitaria, limpieza y gestión fronteriza.
Con el paso de las semanas, miles de personas han abandonado Ceuta o han sido trasladadas a otros recursos.
Otras continúan en la ciudad.
La situación ha provocado además controversias sobre las condiciones en las que viven los migrantes y sobre la actuación de las autoridades.
El Ministerio de Defensa abrió recientemente una investigación interna después de que Amnistía Internacional denunciara presuntos malos tratos cometidos por militares contra migrantes durante actuaciones posteriores a la crisis fronteriza.
La organización afirmó haber documentado 22 casos.
Defensa trasladó también la información a la Fiscalía para que pudiera analizar los hechos denunciados.
Se trata de acusaciones bajo investigación y, por tanto, no de hechos judicialmente establecidos.
El Gobierno quiere completar el desalojo antes del 15 de octubre
La intervención de este domingo tampoco será la última.
El Gobierno había establecido como horizonte completar el desalojo de El Trampolín antes del 15 de octubre, según las informaciones publicadas sobre el operativo.
La falta de plazas obliga a hacerlo progresivamente.
Cada fase dependerá de la disponibilidad de recursos para identificar, trasladar o atender a las personas que abandonen el campamento.
Por eso, pese a la espectacularidad del dispositivo policial de este domingo, la operación no significa que la playa vaya a quedar completamente vacía durante esta jornada.
La Policía protege también la desalinizadora
Existe además una cuestión estratégica.
Parte de El Trampolín se encuentra junto a la planta desalinizadora.
Las autoridades quieren despejar ese sector y posteriormente perimetrar el espacio para impedir nuevos asentamientos.
Ceuta depende en buena medida de instalaciones de este tipo para garantizar su abastecimiento de agua.
La protección del perímetro se ha convertido por ello en uno de los objetivos inmediatos.
En playa Benítez ya se adoptaron medidas similares después del desalojo.
Blindados en la playa, pero sin enfrentamientos graves
Las imágenes del operativo resultan especialmente llamativas.
Decenas de furgones policiales.
Drones sobrevolando la zona.
Centenares de agentes.
Dos BMR y un VAMTAC.
Y apoyo marítimo desde el agua.
Pero el despliegue preventivo no debe confundirse con que se hayan producido enfrentamientos de una magnitud equivalente.
Hasta las últimas informaciones disponibles durante la mañana del domingo, el desalojo estaba desarrollándose sin incidentes graves.
Los vehículos blindados forman parte del dispositivo preventivo organizado ante el número de personas concentradas y el riesgo de situaciones de descontrol.
El gran interrogante: qué ocurrirá después del desalojo
Levantar las tiendas resuelve solamente una parte del problema.
La cuestión central será qué sucede con las miles de personas que todavía permanecen en Ceuta.
Quienes accedan al CATE deberán pasar por los procedimientos correspondientes.
Otros pueden optar por el retorno voluntario.
Y quienes no puedan ser trasladados inmediatamente seguirán necesitando alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria y unas condiciones mínimas de salubridad.
El desalojo de El Trampolín es, por tanto, una operación policial y logística, pero también una consecuencia directa de una crisis migratoria que continúa condicionando a Ceuta más de dos meses después de su comienzo.
Ceuta afronta una operación policial sin precedentes recientes
La imagen de este domingo resume la magnitud del problema.
Más de 350 policías, más de 30 furgones, tres vehículos blindados, drones y apoyo marítimo para intervenir en una playa donde se calcula que continúan asentadas más de 3 500 personas.
La prioridad inicial es despejar el área próxima a la desalinizadora y trasladar progresivamente a parte de los ocupantes.
El resto deberá esperar a fases posteriores.
La denominada Operación Trampolín comienza así con una importante demostración de medios, pero el verdadero desafío llegará después: encontrar una salida legal, humanitaria y logística para miles de personas mientras Ceuta intenta recuperar progresivamente la normalidad tras una crisis fronteriza excepcional.
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