El piloto murciano afrontará en 2027 el mayor desafío de su carrera al convertirse en compañero de Marc Márquez en Ducati. Acosta explica por qué abandona KTM, admite que agotó su paciencia y reivindica una mentalidad competitiva alejada de las amistades dentro del paddock.
Pedro Acosta está preparado para cambiar radicalmente su trayectoria en MotoGP. Después de seis temporadas vinculado al universo de KTM, el piloto español dejará la marca a final de 2026 para incorporarse al equipo oficial Ducati, donde compartirá garaje con Marc Márquez.
El movimiento coloca al murciano, con apenas 22 años, ante una prueba definitiva: subirse a la moto de referencia y medirse desde el mismo box con uno de los pilotos más laureados de la historia.
Y Acosta no parece dispuesto a cambiar su carácter para afrontar el desafío. En una extensa entrevista concedida antes de regresar a la competición tras el descanso veraniego, el español ha dejado una declaración que resume perfectamente su manera de entender las carreras: «Nunca he tenido amigos en el paddock».
Una circunstancia de la que incluso se alegra porque, según explica, así «no tengo miramientos con nadie al adelantar».
Pedro Acosta abandona KTM: «Seguramente se me agotó la paciencia»
La marcha de Pedro Acosta a Ducati supone el final de una relación de seis temporadas con KTM que comenzó mucho antes de su llegada a la categoría reina.
Acosta reconoce el papel decisivo que la fábrica austriaca ha desempeñado en su carrera. Con KTM conquistó el Mundial de Moto3 y dispuso de las herramientas necesarias para luchar posteriormente por el campeonato de Moto2.
Sin embargo, su etapa en MotoGP no ha producido todavía el resultado que realmente persigue: ganar carreras y disponer de una moto con capacidad para pelear regularmente por las victorias.
«He llegado a un punto en el que necesito un nuevo reto», explica.
El español considera que desde su desembarco en MotoGP ha conseguido situarse como la principal referencia de KTM, pero la evolución del proyecto no ha avanzado al ritmo que esperaba.
Su diagnóstico es particularmente revelador: si la posibilidad de disponer de una moto realmente competitiva estuviera más cerca, probablemente habría continuado.
Preguntado directamente sobre si había agotado su paciencia, Acosta no lo escondió: «Seguramente, sí».
El murciano asegura haber confiado durante tres años en el proyecto y haber concedido «una oportunidad tras otra», pero finalmente llegó a la conclusión de que podía «llegar más lejos» tomando otro camino.
Ducati elimina las excusas para Acosta
Su llegada a Ducati cambia por completo el escenario.
Acosta aterrizará en una estructura que ha demostrado capacidad para competir al máximo nivel y él mismo reconoce que eso reducirá considerablemente el margen para justificar unos malos resultados por cuestiones técnicas.
Lejos de asustarle, esa situación parece motivarle.
«Puede que el año que viene ya no haya excusa y que, si las cosas no van bien, sea por culpa mía», admite el piloto.
Es precisamente lo que busca: descubrir hasta dónde puede llegar cuando disponga de una referencia técnica de primer nivel.
Para un piloto que todavía persigue su primera victoria en MotoGP, el cambio puede marcar un antes y un después.
Acosta ya fue campeón de Moto3 en su primera temporada completa y posteriormente conquistó Moto2 antes de desembarcar en la máxima categoría. Su ascenso fue tan rápido que en apenas su cuarta temporada mundialista ya competía entre los mejores pilotos del planeta.
Marc Márquez, la gran prueba dentro del garaje Ducati
El desafío deportivo tendrá además nombre y apellido: Marc Márquez.
Acosta tendrá acceso al mismo entorno oficial que un piloto que históricamente ha elevado enormemente el listón para sus compañeros de equipo.
El murciano, sin embargo, intenta quitar presión a la comparación.
Considera que ambos llegan desde momentos completamente distintos de sus carreras. Mientras Márquez afronta el tramo final de su trayectoria deportiva, Acosta todavía está construyendo la suya.
También existe otra diferencia importante.
Márquez conoce profundamente el funcionamiento interno de Ducati, mientras que Acosta tendrá que adaptarse a una estructura italiana después de seis años dentro del ecosistema KTM.
El contrato le ofrece margen para hacerlo: el español señala que estará allí al menos dos temporadas, por lo que plantea el primer año como un periodo para encontrar su sitio antes de comprobar realmente dónde está su techo.
Acosta reconoce lo que más admira de Marc Márquez
La rivalidad futura no impide que Acosta muestre un profundo respeto deportivo hacia Márquez.
Y curiosamente no destaca únicamente sus títulos o su velocidad.
Lo que más impresiona al murciano es la capacidad de sufrimiento que Márquez mostró para regresar a la élite después de sus graves problemas físicos.
Acosta recuerda que el catalán ya había pasado más de una década dentro de una de las principales fábricas del Mundial, había conquistado numerosos campeonatos y no necesitaba demostrar prácticamente nada.
Pese a ello, decidió continuar.
Para Acosta, esa voluntad de atravesar lesiones, operaciones y temporadas extremadamente difíciles para volver a ser campeón constituye una demostración extraordinaria de fortaleza mental.
«Nunca he tenido amigos en el paddock»
Pero el fragmento más contundente de la entrevista aparece cuando Acosta habla de las relaciones entre pilotos.
El español reconoce sentirse relativamente alejado del ambiente de cordialidad que actualmente existe entre buena parte de la parrilla.
Su razonamiento es sencillo: resulta complicado mantener una amistad completamente sincera con una persona que persigue exactamente el mismo objetivo y que está dispuesta a derrotarte para conseguirlo.
Por eso prefiere mantener cierta distancia.
«Nunca he tenido amigos en el paddock, y me alegro de que así sea porque, de este modo, no tengo miramientos con nadie al adelantar», sostiene.
Acosta recuerda además que algunas de las grandes épocas del motociclismo estuvieron marcadas precisamente por rivalidades feroces.
Menciona enfrentamientos históricos como Valentino Rossi-Max Biaggi, Álex Crivillé-Mick Doohan o Valentino Rossi-Marc Márquez.
Y deja una reflexión interesante sobre el MotoGP contemporáneo: quizá esa rivalidad sea precisamente «el toque picante» que actualmente le falta al campeonato.
Una mentalidad competitiva que anticipa tensión en Ducati
La declaración adquiere todavía más importancia teniendo en cuenta dónde correrá Acosta la próxima temporada.
Ducati reunirá en su estructura oficial a dos pilotos españoles de generaciones diferentes y enorme ambición.
Acosta no desembarcará allí simplemente para aprender de Márquez. Su objetivo último continúa siendo el mismo que tenía cuando comenzó a competir: ganar en MotoGP.
Eso no significa necesariamente que vaya a existir un enfrentamiento personal entre ambos. El propio Acosta muestra respeto hacia Márquez y reconoce abiertamente la dimensión de su trayectoria.
Pero su concepción de las carreras deja poco espacio para jerarquías sentimentales.
Cuando se apague el semáforo, su compañero será también uno de los principales rivales a batir.
Las dificultades con KTM cambiaron al piloto
La decisión de abandonar KTM tampoco puede entenderse sin los problemas experimentados durante los últimos años.
Acosta admite que inicialmente llegó a pensar que la ausencia de victorias era responsabilidad exclusivamente suya.
La situación le generó una considerable frustración.
Fue su entrenador, Carmelo Morales, quien le ayudó a interpretar el problema desde otra perspectiva: Acosta estaba intentando exigir a la moto más de lo que técnicamente podía ofrecerle.
El resultado era contraproducente.
Cuanto más intentaba compensar las limitaciones, mayor era el riesgo de terminar en el suelo.
El español tuvo entonces que modificar una parte de su filosofía y aceptar resultados que anteriormente le habrían parecido insuficientes: un quinto puesto también podía ser un buen resultado si representaba el máximo posible con aquella moto.
Esa evolución mental, según explica, le ha permitido convertirse en un piloto más competitivo y consistente.
El accidente de Montmeló y una advertencia sobre la seguridad
Acosta también aborda el accidente sufrido con Álex Márquez en Montmeló.
Reconoce que inmediatamente después del incidente tenía dificultades incluso para reconstruir con precisión todo lo sucedido debido a los elevados niveles de adrenalina.
Con el paso del tiempo asegura tener claro lo ocurrido y cuestiona especialmente la decisión de relanzar la carrera en dos ocasiones.
El murciano considera que las interrupciones obligan a los pilotos a realizar repetidamente un enorme esfuerzo de concentración y aumentan las posibilidades de perder el foco.
Su conclusión resulta contundente:
«El show siempre tiene que continuar, pero sin pilotos no hay show».
Acosta asegura no haber sentido nunca miedo sobre una MotoGP
Pese a los riesgos inherentes al motociclismo, Acosta asegura que nunca ha sentido miedo encima de una moto.
No significa que no tenga temores fuera de los circuitos —confiesa, por ejemplo, que le asustan los insectos grandes—, sino que las caídas forman parte de una realidad interiorizada desde la infancia.
Incluso después de accidentes importantes, afirma no haber dudado sobre volver a subirse a la moto al día siguiente.
Para él, sencillamente, «es parte del juego».
Una vida alejada de los grandes lujos
Otro elemento que diferencia la imagen pública de Acosta es su relación con el dinero y la fama.
A diferencia de otros deportistas jóvenes, no acostumbra a exhibir superdeportivos, yates o grandes símbolos de riqueza.
El piloto asegura que intenta mostrar públicamente la persona que realmente es y mantener «los pies en el suelo».
Eso no significa que no se permita algún capricho.
Su particular lujo fue comprarse una autocaravana, con la que pasa tiempo conduciendo y durmiendo cerca de lagos.
La decisión llegó después de una experiencia mucho menos sofisticada: con su primer sueldo adquirió una furgoneta para desplazarse a entrenar y dormía directamente en sus asientos hasta que una noche en Barcelona estuvo a punto de congelarse de frío.
Pedro Acosta y Ducati: empieza la prueba definitiva
El salto a Ducati representa probablemente el momento más importante de la carrera deportiva de Pedro Acosta desde su llegada a MotoGP.
Hasta ahora, una parte de la incógnita alrededor de su rendimiento podía atribuirse a las posibilidades de KTM. A partir de 2027, esa variable debería reducirse considerablemente.
Acosta es plenamente consciente.
Tendrá que adaptarse a una nueva fábrica, nuevos ingenieros, otra cultura de trabajo y, especialmente, compartir estructura con Marc Márquez.
Pero precisamente eso es lo que buscaba.
El piloto murciano quiere descubrir su verdadero techo y hacerlo en un escenario donde pueda medirse sin esconderse detrás de las limitaciones de la máquina.
Y su advertencia antes de llegar difícilmente puede ser más clara: Pedro Acosta respeta a sus rivales, pero cuando llega el momento de adelantar no entiende de amistades.
La convivencia entre Márquez y Acosta puede convertirse así en uno de los grandes argumentos de MotoGP 2027.


