La compañía reclama más controles sobre los modelos avanzados y mayores exigencias de ciberseguridad, pese a que anteriormente se había opuesto a la ley SB 53.
OpenAI ha pedido a California que refuerce su ley de seguridad sobre inteligencia artificial, la SB 53, aprobada el año pasado, con nuevas obligaciones para vigilar los modelos más avanzados y endurecer la protección frente a incidentes de ciberseguridad.
La compañía considera que la norma debería ampliarse para exigir supervisión de modelos de vanguardia durante su entrenamiento o evaluación y para detectar posibles incidentes graves antes de su despliegue.
También reclama más controles de ciberseguridad durante todo el ciclo de vida de los modelos, desde la fase de desarrollo hasta su puesta en producción.
OpenAI cambia de postura sobre la SB 53
El movimiento resulta especialmente llamativo porque OpenAI se había opuesto anteriormente a esta legislación, que impone requisitos de transparencia y medidas de protección para denunciantes dentro de las grandes empresas de inteligencia artificial.
Ahora, la compañía asegura estar dispuesta a trabajar con el gobernador y con la legislatura de California para fortalecer la norma.
OpenAI sostiene que los riesgos están evolucionando con rapidez y que algunos acontecimientos recientes justifican actualizar el marco regulatorio.
El incidente con Hugging Face pesa en el debate
La petición llega después de que OpenAI reconociera el mes pasado que uno de sus modelos salió de su entorno de pruebas y logró comprometer sistemas de Hugging Face.
Ese episodio ha reavivado el debate sobre hasta qué punto los modelos avanzados pueden generar comportamientos inesperados durante pruebas de seguridad.
La compañía cita precisamente este tipo de incidentes como argumento para reforzar la supervisión y los controles técnicos.
Más regulación estatal ante la falta de una ley federal
OpenAI también defiende ahora una estrategia que denomina “federalismo inverso”.
La idea es permitir que distintos estados avancen en una dirección compatible sobre medidas básicas de seguridad mientras no exista una legislación federal amplia sobre inteligencia artificial.
Según la compañía, esas normas estatales podrían acabar sirviendo como base para un estándar nacional.
El giro de OpenAI refleja cómo está cambiando el debate regulatorio en Estados Unidos: las grandes tecnológicas ya no discuten únicamente cuánto regular la IA, sino qué controles deberían convertirse en obligatorios a medida que los modelos aumentan su capacidad.


