El potente terremoto de Ayacucho vuelve a poner el foco sobre la intensa actividad sísmica registrada este año, con fuertes movimientos en Venezuela, Japón y, a menor escala, Granada.
Un potente terremoto de magnitud 7,2 según la medición inicial del Instituto Geofísico del Perú (IGP) sacudió este jueves 20 de agosto el sur de Perú, con epicentro en la región de Ayacucho. El movimiento llegó a sentirse a cientos de kilómetros, incluida Lima. El USGS estadounidense calculó posteriormente una magnitud menor, de 6,7.
El terremoto peruano se suma a una llamativa sucesión de grandes movimientos sísmicos registrados durante 2026 en diferentes puntos del planeta. Venezuela sufrió en junio dos terremotos consecutivos superiores a magnitud 7; Japón ha registrado varios seísmos importantes durante el año; y Granada ha encadenado este agosto movimientos de magnitud 4,8 y 4,6.
La sucesión llama la atención, pero requiere una precisión fundamental: que varios terremotos importantes coincidan en un mismo año no demuestra que estén relacionados entre sí ni que exista una cadena sísmica mundial extraordinaria. Las comparaciones deben realizarse con series estadísticas completas y no únicamente con los terremotos que reciben mayor atención mediática.
El terremoto de Perú alcanzó inicialmente magnitud 7,2
Según el Instituto Geofísico del Perú, el terremoto se produjo a las 13:00 horas del jueves 20 de agosto, con epicentro situado aproximadamente 35 kilómetros al norte de Coracora, en la provincia de Parinacochas, departamento de Ayacucho.
El hipocentro fue localizado a unos 108 kilómetros de profundidad, circunstancia que contribuyó a que el movimiento pudiera percibirse sobre una extensión considerable y, al mismo tiempo, redujo su capacidad destructiva en superficie.
La intensidad estimada en Coracora fue de III-IV, aunque el terremoto se percibió en distintas regiones del centro y sur del país y llegó hasta Lima, situada a más de 600 kilómetros de la zona.
La Marina de Guerra del Perú descartó una amenaza de tsunami.
Las primeras informaciones señalaban que no había víctimas ni daños relevantes. Sin embargo, los balances posteriores ya recogían al menos dos heridos y daños en viviendas y otras infraestructuras, por lo que conviene actualizar ese extremo frente a las primeras noticias difundidas inmediatamente después del seísmo.
¿Fue de magnitud 7,2 o 6,7?
Existe una diferencia entre las mediciones difundidas por los organismos sismológicos.
El IGP peruano informó inicialmente de una magnitud 7,2, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) situó posteriormente el terremoto en 6,7.
Estas diferencias no son necesariamente contradictorias. Los organismos pueden utilizar diferentes redes de estaciones, procedimientos y cálculos preliminares, que posteriormente se revisan a medida que se incorporan nuevos datos.
En cualquier caso, se trató de un terremoto de gran energía y suficientemente potente para ser percibido a gran distancia.
2026 acumula varios terremotos de gran magnitud
El terremoto de Perú no constituye un episodio aislado dentro de la actividad sísmica que está dejando 2026.
La base de terremotos significativos del USGS recoge numerosos movimientos importantes durante el año. Entre ellos aparecen terremotos superiores a magnitud 7 en Venezuela, Tonga, Vanuatu y Japón, además de numerosos episodios de magnitud 6 o superior.
Pero uno de los episodios más extraordinarios se produjo en Venezuela.
Venezuela sufrió dos grandes terremotos separados por segundos
El 24 de junio de 2026, Venezuela fue golpeada por dos grandes terremotos prácticamente consecutivos.
El USGS los situó en magnitudes 7,2 y 7,5, mientras que el Centro Alemán de Investigación de Geociencias (GFZ) realizó cálculos ligeramente diferentes, de 7,3 y 7,4. Según el GFZ, ambos movimientos estuvieron separados por apenas 39 segundos.
A diferencia del terremoto peruano, las consecuencias fueron devastadoras.
Un informe de ACNUR sobre la emergencia venezolana señalaba que, a finales de junio, se habían comunicado al menos 1 719 fallecidos, más de 5 034 personas hospitalizadas y 15 866 afectados, además de importantes daños materiales.
La secuencia venezolana estuvo relacionada con la compleja interacción tectónica entre las placas del Caribe y Sudamérica.
Japón también acumula fuertes terremotos en 2026
Japón, uno de los territorios con mayor actividad sísmica del planeta, también está protagonizando un año especialmente activo en cuanto a terremotos relevantes.
Los registros japoneses recogen, entre otros, un terremoto de magnitud 7,7 frente a Sanriku el 20 de abril, otro de 6,9 frente a Iwate el 25 de junio y un movimiento de 7,1 en Kumamoto el 28 de julio.
Además, se han registrado durante el año otros terremotos superiores a magnitud 6 en diferentes regiones japonesas.
La explicación vuelve a encontrarse en su geografía. Japón se sitúa en una de las regiones tectónicamente más complejas del planeta y forma parte del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico.
Granada: dos terremotos fuertes en apenas cuatro días
España tampoco ha permanecido ajena a la actividad sísmica durante este mes de agosto, aunque las magnitudes registradas están muy lejos de las observadas en Perú, Venezuela o Japón.
La provincia de Granada registró el 18 de agosto un terremoto de magnitud 4,6, con epicentro en Alhendín y a apenas unos cinco kilómetros de profundidad.
El movimiento se produjo solamente cuatro días después de otro terremoto de magnitud 4,8 en la misma localidad.
El terremoto del día 18 fue percibido ampliamente en Andalucía. El servicio de emergencias recibió más de 50 llamadas, y el movimiento llegó a sentirse en numerosos municipios de Málaga, Almería, Jaén y Granada, así como en puntos más alejados.
Aunque un terremoto de 4,6 no resulta comparable energéticamente con uno superior a 7, la escasa profundidad del hipocentro explica que pudiera sentirse con claridad.
¿Realmente hay más terremotos de lo normal en 2026?
La concatenación de Venezuela, Japón, Granada y ahora Perú puede generar la impresión de que 2026 está atravesando una actividad sísmica excepcional.
Sin embargo, no puede afirmarse únicamente a partir de estos episodios que el planeta esté registrando una cantidad anormal de terremotos.
La Tierra experimenta continuamente movimientos sísmicos. La mayor parte son pequeños y pasan inadvertidos, mientras que los grandes terremotos se concentran especialmente alrededor de los límites de las placas tectónicas.
Además, los terremotos ocurridos a miles de kilómetros de distancia generalmente responden a sistemas tectónicos diferentes. No existe evidencia, por el mero hecho de su proximidad temporal, de que los terremotos de Granada estén relacionados con los de Venezuela, Japón o Perú.
Lo que sí resulta especialmente visible en 2026 es la concentración temporal de varios terremotos de elevada magnitud y gran repercusión pública.
Perú está situado en una de las regiones sísmicas más peligrosas
El caso peruano tiene una explicación tectónica conocida.
Perú se encuentra dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. Esta interacción acumula enormes cantidades de energía que periódicamente son liberadas mediante terremotos.
De hecho, aproximadamente el 85 % de los terremotos del planeta se produce alrededor del Cinturón de Fuego, según recordó el USGS tras el movimiento peruano.
Perú conserva además la memoria de grandes catástrofes. En 2007, un terremoto de magnitud 7,9 golpeó especialmente la región de Ica y dejó cerca de 600 muertos.
Un 2026 marcado por grandes terremotos
El movimiento de Ayacucho vuelve a recordar hasta qué punto las grandes zonas de contacto entre placas continúan acumulando riesgos.
Venezuela sufrió dos terremotos superiores a magnitud 7 en cuestión de segundos; Japón ha registrado varios movimientos de gran intensidad; Granada ha encadenado dos terremotos perceptibles en apenas cuatro días; y ahora Perú ha sufrido otro gran seísmo.
La coincidencia resulta llamativa y justifica una vigilancia científica permanente, pero no permite hablar por sí sola de una conexión entre todos estos terremotos ni de una anomalía planetaria sin comparar los datos completos de 2026 con décadas anteriores.
En Perú, mientras tanto, las autoridades mantienen la vigilancia y evalúan los daños después de un terremoto cuya gran profundidad evitó, aparentemente, consecuencias mucho más graves.


