Tres semanas después de la entrada masiva desde Marruecos, el Ejecutivo sigue sin ofrecer una cifra única de personas en Ceuta ni un mensaje común sobre expulsiones, asilo, menores y acogida.
La crisis migratoria de Ceuta se ha convertido también en una crisis política para el Gobierno de Pedro Sánchez. Después de tres semanas de tensión, el Ejecutivo continúa ofreciendo mensajes diferentes desde Interior, Exteriores, Defensa, Sanidad y Migraciones sobre una cuestión fundamental: qué hacer con las personas que permanecen en la ciudad autónoma tras la entrada masiva desde Marruecos.
La contradicción más visible está en las cifras. Diferentes responsables gubernamentales han hablado de 2 000, 5 000 o cantidades todavía pendientes de determinar, mientras el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, sostiene que la cifra real supera las 12 000 personas.
A ello se suman discrepancias sobre las expulsiones, las solicitudes de asilo, la situación de los menores, la habilitación de nuevos espacios de acogida y la respuesta sanitaria.
El Gobierno sostiene que está actuando conforme a la legalidad migratoria y de protección internacional. La oposición, por el contrario, denuncia improvisación, falta de coordinación y ausencia de una estrategia clara para recuperar completamente la normalidad en Ceuta.
El Gobierno no consigue fijar un mensaje único sobre Ceuta
El problema no es únicamente la magnitud de la emergencia, sino también las diferencias públicas entre ministerios.
Fernando Grande-Marlaska, responsable de Interior, ha defendido que las devoluciones deben realizarse conforme a los procedimientos legales y ha recordado que existen excepciones para quienes soliciten protección internacional o para determinados menores.
Por su parte, José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, ha utilizado mensajes más contundentes sobre el retorno de quienes hayan entrado irregularmente y no tengan derecho a permanecer en España.
La diferencia no es menor.
No puede afirmarse jurídicamente que todas las personas que crucen irregularmente una frontera vayan a ser expulsadas automáticamente. La legislación obliga a analizar cuestiones como asilo, protección internacional, edad, situación familiar y garantías individuales.
Pero precisamente por eso el Gobierno necesita explicar con claridad qué procedimiento aplicará y en qué plazos.
Marlaska y Robles discrepan sobre los avisos de Inteligencia
También han aparecido diferencias entre Interior y Defensa.
Marlaska ha sostenido que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no trasladó determinados avisos previos sobre la magnitud de lo que iba a ocurrir.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha salido públicamente en defensa de los servicios de Inteligencia.
El enfrentamiento resulta especialmente delicado porque una de las preguntas fundamentales de la crisis consiste precisamente en determinar qué información tenía el Estado antes de la entrada masiva y cuándo la recibió.
Si existieron alertas previas, será necesario esclarecer qué organismos las conocían, cómo fueron evaluadas y qué medidas se adoptaron.
Si no existieron, el debate se trasladará a la capacidad de anticipación de los servicios responsables de proteger una de las fronteras exteriores de España y de la Unión Europea.
El baile de cifras agrava la sensación de improvisación
La falta de una cifra común constituye probablemente el ejemplo más evidente de los problemas de coordinación.
En las primeras horas posteriores a la entrada masiva se manejaron estimaciones relativamente bajas sobre las personas que permanecían en la ciudad.
Posteriormente las cifras fueron aumentando.
Marlaska habló inicialmente de alrededor de 2 000 personas y posteriormente se manejaron cantidades próximas a 5 000.
La ministra portavoz y titular de Migraciones, Elma Saiz, ha reconocido que no podía concretar en determinados momentos cuántas personas continuaban en Ceuta.
Juan Jesús Vivas ha elevado el cálculo hasta superar las 12 000.
Esta disparidad resulta problemática porque cualquier estrategia depende precisamente de conocer el volumen real del fenómeno.
No es lo mismo organizar alojamiento, asistencia sanitaria, identificación policial y procedimientos de extranjería para 2 000 personas que hacerlo para 12 000.
Elma Saiz anuncia 1 500 plazas temporales
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha anunciado la habilitación de 1 500 nuevas plazas de atención humanitaria mediante dispositivos temporales.
El objetivo oficial es trasladar a espacios controlados a personas que actualmente se encuentran en condiciones precarias.
El anuncio ha sido interpretado por la oposición como una prueba de que el Gobierno no contempla devoluciones inmediatas para todos los afectados.
Sin embargo, habilitar alojamiento temporal no significa necesariamente reconocer automáticamente un derecho de residencia.
Los procedimientos de devolución, expulsión o protección internacional requieren tiempo, identificación y resolución administrativa individual.
El problema político vuelve a estar en la comunicación: el Ejecutivo no ha conseguido explicar de manera suficientemente clara qué parte de estas plazas es estrictamente humanitaria, durante cuánto tiempo funcionarán y qué ocurrirá posteriormente con sus ocupantes.
El traslado de 500 niñas abre otro frente
Otra decisión especialmente sensible es el traslado urgente de 500 niñas migrantes a la Península.
El Gobierno defiende la medida desde una perspectiva de protección de menores y reducción de la presión asistencial sobre Ceuta.
La oposición reclama que se priorice, cuando sea legal y seguro, la reagrupación con sus familias o el retorno a los sistemas de protección de sus países de origen.
En este terreno el margen de actuación está condicionado por la legislación española e internacional.
El interés superior del menor debe analizarse individualmente y no permite devoluciones colectivas automáticas.
La discusión política debe diferenciar, por tanto, entre la necesidad de actuar rápidamente y las garantías específicas que protege la legislación de infancia.
Europa aumenta su atención sobre Ceuta
La crisis también ha adquirido dimensión europea.
Ceuta no constituye únicamente una frontera española. Es también frontera exterior de la Unión Europea, por lo que una entrada masiva afecta directamente a la política comunitaria de inmigración y asilo.
Desde instituciones europeas se ha recordado que el nuevo marco migratorio contempla mecanismos para retornos de personas sin derecho legal a permanecer en territorio comunitario, al tiempo que deben respetarse los procedimientos de asilo y protección.
También se ha planteado la posibilidad de apoyo de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas.
Aquí conviene distinguir el debate jurídico del político.
La Unión Europea puede favorecer retornos y cooperación fronteriza, pero cada expulsión debe cumplir las garantías previstas por el Derecho europeo e internacional.
Lo relevante es que la crisis de Ceuta ya no se percibe únicamente como un problema interno español.
Mónica García y el choque por la situación sanitaria
Uno de los enfrentamientos más duros se ha producido alrededor de la ministra de Sanidad, Mónica García.
Profesionales sanitarios y responsables locales han denunciado una presión asistencial extraordinaria y han utilizado términos como colapso o riesgo de saturación.
La ministra rechaza esa definición.
García reconoce un importante sobreesfuerzo de médicos, enfermeras y demás profesionales, pero sostiene que el sistema ha mantenido su actividad y que no puede hablarse técnicamente de colapso.
La cuestión es especialmente sensible porque la sanidad de Ceuta depende directamente del Estado a través de Ingesa, a diferencia de lo que ocurre en las comunidades autónomas.
Esto convierte al Ministerio de Sanidad en responsable directo de una parte sustancial de la respuesta asistencial.
Enfermedades y brotes: evitar alarmismo no significa ignorar riesgos
Durante las últimas semanas se han conocido denuncias relativas a condiciones insalubres, hacinamiento y algunos problemas sanitarios entre diferentes colectivos desplegados en la ciudad.
También se ha informado de casos de sarna entre miembros de las fuerzas desplazadas.
Estos episodios requieren vigilancia epidemiológica, pero deben tratarse con precisión.
La presencia de un brote localizado no demuestra por sí misma una epidemia generalizada ni permite atribuir enfermedades a un colectivo entero por su origen.
Al mismo tiempo, negar la existencia de riesgos sanitarios en situaciones de hacinamiento tampoco sería responsable.
Cuando miles de personas permanecen en espacios sin condiciones higiénicas adecuadas, aumenta la necesidad de cribados, atención médica, vacunación cuando proceda, agua potable y saneamiento.
Las denuncias de agresiones sexuales elevan todavía más la presión
Otro asunto extremadamente sensible son las denuncias de agresiones sexuales registradas durante la crisis.
La oposición ha utilizado su aumento para acusar al Gobierno de no garantizar adecuadamente la seguridad.
Cualquier incremento acreditado de delitos sexuales exige una respuesta policial y judicial inmediata.
Pero también aquí es imprescindible evitar generalizaciones: la responsabilidad penal corresponde a autores individuales y no puede trasladarse automáticamente a todos los migrantes presentes en Ceuta.
El Gobierno tendrá que ofrecer datos consolidados sobre denuncias, investigaciones, detenciones y evolución delictiva si quiere cerrar un debate que actualmente está alimentado por informaciones parciales y fuertes acusaciones políticas.
Sánchez sigue sin viajar a Ceuta
La ausencia física de Pedro Sánchez se ha convertido también en un argumento recurrente de PP y Vox.
Varios ministros sí se han desplazado a la ciudad, entre ellos responsables de Exteriores, Defensa, Interior, Sanidad y Migraciones.
El presidente del Gobierno ha dirigido reuniones de coordinación, pero no ha visitado personalmente Ceuta desde el comienzo de esta crisis, circunstancia aprovechada por la oposición para acusarlo de mantenerse alejado de una emergencia nacional.
Una visita presidencial no solucionaría por sí misma los problemas existentes.
Sin embargo, en una crisis que afecta a fronteras, seguridad nacional, diplomacia, inmigración y servicios públicos, la presencia del jefe del Ejecutivo tendría un importante peso político e institucional.
La relación con Marruecos vuelve al centro del problema
Detrás de todo el episodio aparece inevitablemente Marruecos.
España necesita la cooperación marroquí para gestionar una frontera extremadamente compleja. Pero precisamente esa dependencia vuelve a plantear dudas sobre qué ocurre cuando Rabat reduce su capacidad de contención o cuando se producen movimientos extraordinarios hacia Ceuta.
El Gobierno deberá explicar qué conversaciones ha mantenido con Marruecos, qué compromisos se han alcanzado y qué garantías existen para evitar una nueva crisis.
La oposición reclama además aclarar si Marruecos desempeñó algún papel activo o pasivo en los acontecimientos.
Esa acusación exige pruebas.
Pero la pregunta sobre la fiabilidad de la cooperación fronteriza con Rabat es legítima y merece una respuesta transparente.
PP y Gobierno trasladan la batalla a las Cortes
La crisis ya ha llegado también al Parlamento.
El Gobierno ha preparado comparecencias de siete ministros en el Congreso, mientras el PP acusa a varios de ellos de evitar las convocatorias realizadas por el Senado.
Los populares han anunciado la reprobación de cinco ministros y estudian además acciones judiciales por la negativa de algunos miembros del Ejecutivo a acudir a la Cámara Alta.
El enfrentamiento institucional añade una nueva capa a un problema que sigue sin estar completamente resuelto sobre el terreno.
Y este es precisamente el riesgo: que el debate político termine concentrándose en quién comparece, dónde comparece y quién gana el relato mientras Ceuta continúa necesitando decisiones operativas concretas.
Tres semanas después, las preguntas fundamentales siguen abiertas
La crisis ha puesto sobre la mesa interrogantes que el Gobierno todavía debe responder de forma coordinada:
¿Cuántas personas permanecen realmente en Ceuta? ¿Cuántos expedientes de devolución o expulsión están abiertos? ¿Cuántas solicitudes de asilo existen? ¿Qué ocurrirá con los menores? ¿Cuánto tiempo permanecerán abiertos los campamentos temporales? ¿Qué información previa tuvo el Estado? ¿Qué compromisos ha asumido Marruecos? ¿Aceptará España apoyo adicional de Frontex?
Mientras esas preguntas no tengan respuestas claras, la sensación de improvisación seguirá creciendo.
El Gobierno puede defender que gestionar una emergencia de estas dimensiones obliga a adaptar decisiones sobre la marcha. Es razonable. Pero una cosa es modificar un operativo conforme cambia la situación y otra muy distinta es que cada ministerio traslade cifras o mensajes incompatibles con los del departamento vecino.
Tres semanas después, Ceuta necesita algo más que declaraciones.
Necesita una cifra oficial consolidada, un mando claramente coordinado, un calendario de actuaciones y una estrategia pública sobre fronteras, retornos, asilo, menores y seguridad.
La principal debilidad del Ejecutivo no está ya únicamente en lo ocurrido el 30 de julio. Está en no haber conseguido todavía convencer a los ciudadanos de que existe un plan único para lo que viene después.


