El Hospital Universitario de Ceuta activó una zona de urgencias preparada para catástrofes y equipada con más de 30 camas ante la llegada masiva de migrantes. Sanitarios citados por un diario denuncian que esos recursos no se habían abierto durante anteriores episodios de sobrecarga asistencial.
La crisis migratoria de Ceuta abre ahora un nuevo frente, esta vez dentro del sistema sanitario. El Hospital Universitario ha puesto en funcionamiento una zona de urgencias para situaciones de catástrofe, dotada con más de 30 camas y equipamiento avanzado, después de permanecer sin utilizar desde que fue habilitada tras la pandemia.
La decisión sería una respuesta asistencial a la llegada extraordinaria de pacientes durante la reciente entrada masiva de migrantes. Sin embargo, ha provocado críticas entre profesionales del propio hospital consultados, que aseguran que la instalación no se abrió anteriormente para atender episodios de sobrecarga entre la población de Ceuta.
La controversia no está en que los pacientes reciban asistencia —el sistema sanitario debe atender las urgencias conforme a la legislación y a criterios clínicos—, sino en una pregunta mucho más incómoda para la Administración: ¿por qué una infraestructura sanitaria equipada permaneció cerrada durante años si podía haberse utilizado ante las necesidades asistenciales de Ceuta?
Una sala con más de 30 camas, monitores y respiradores
Según los testimonios de profesionales sanitarios recogidos por el citado medio, la instalación fue creada después de la pandemia como recurso de contingencia ante posibles catástrofes o emergencias extraordinarias.
La sala dispone de más de 30 camas y, según estas fuentes, cuenta con material como monitores, bombas de perfusión, respiradores y otros equipos médicos.
Uno de los profesionales sostiene que la zona había permanecido cerrada desde su creación.
Según su versión, incluso se habría planteado abrirla anteriormente cuando Urgencias atravesaba situaciones de elevada presión asistencial, pero finalmente nunca llegó a ponerse en funcionamiento.
Este punto resulta fundamental: la información disponible procede de fuentes sanitarias citadas por un diario. Por tanto, las afirmaciones sobre anteriores negativas a abrirla o sobre el estado comparativo del equipamiento deben atribuirse a esos testimonios y no presentarse como hechos oficialmente acreditados mientras no exista una explicación pública detallada del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa).
La crisis migratoria provoca su puesta en funcionamiento
La entrada extraordinaria de migrantes registrada en Ceuta obligó a reforzar distintos servicios públicos de una ciudad que, por sus características geográficas, dispone de una capacidad limitada para absorber aumentos repentinos de población.
En ese escenario se decidió activar la sala hospitalaria.
Según la información publicada, más de 20 migrantes permanecían ingresados en esta zona por cuadros diarreicos. También se habrían detectado varios casos de sarna, cuyos pacientes fueron aislados en espacios específicos.
La activación de una instalación prevista precisamente para emergencias puede encajar, por tanto, en una respuesta extraordinaria ante una llegada concentrada de pacientes.
Eso no elimina, sin embargo, el debate sobre por qué esos mismos recursos permanecieron sin utilizar durante años.
Sanitarios denuncian diferencias respecto a la atención habitual
Es aquí donde aparece la parte más controvertida.
Profesionales citados por el medio denuncian que el equipamiento disponible en esta sala sería considerablemente más moderno que parte del empleado habitualmente en otras áreas.
Uno de ellos asegura que dispone de monitores nuevos y equipos para electrocardiogramas y medición de tensión, mientras sostiene que en las áreas utilizadas habitualmente por los residentes existen aparatos antiguos y material deteriorado.
Son acusaciones graves que requieren una respuesta de la Administración sanitaria.
Porque si una infraestructura pública adquirida con dinero público permaneció durante años prácticamente inutilizada mientras existían necesidades asistenciales, la cuestión trasciende el debate migratorio y entra directamente en la gestión de los recursos sanitarios.
La Administración debería aclarar cuándo se creó la instalación, cuánto costó, bajo qué protocolo podía activarse, por qué permanecía cerrada y qué circunstancias concretas justificaron ahora su apertura.
Una plantilla creada a contrarreloj
La puesta en funcionamiento de la nueva zona habría generado además otro problema: no contaba con una plantilla ordinaria asignada.
Según los testimonios publicados, el hospital ha tenido que incorporar profesionales y reorganizar recursos humanos para cubrir el servicio.
Una sanitaria afirma que se habría recurrido a personal recién titulado y a mecanismos internos para incorporar auxiliares que también disponían de formación en Enfermería.
La misma fuente describe la dotación de trabajadores como muy ajustada.
La situación refleja uno de los problemas estructurales de cualquier recurso reservado para contingencias: tener camas y tecnología no equivale a disponer automáticamente del personal necesario para utilizarlas.
La sanidad de Ceuta vuelve al centro del debate
La controversia llega además en un momento especialmente delicado para la ciudad autónoma.
Una llegada migratoria masiva no repercute únicamente sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. También afecta a servicios sanitarios, centros de acogida, asistencia social, recursos judiciales y capacidad administrativa.
Ceuta presenta, además, una particularidad evidente: su territorio reducido hace mucho más difícil absorber en poco tiempo aumentos extraordinarios de demanda.
Precisamente por ello, cualquier decisión que implique reservar o mantener inactivos recursos sanitarios adquiere una relevancia especial.
Si la sala debía conservarse exclusivamente para catástrofes, la Administración debería explicar qué definición operativa de “catástrofe” determina su apertura y por qué anteriores episodios de saturación hospitalaria no alcanzaron ese umbral.
Traslados a Cádiz: otra denuncia que exige aclaraciones
Los sanitarios citados realizan además otra acusación.
Según sus testimonios, algunos migrantes que presentaban fracturas de mandíbula o pelvis habrían sido trasladados al Hospital Universitario Puerta del Mar, en Cádiz.
Las fuentes sostienen que esos traslados se habrían producido con carácter prioritario y mencionan documentación procedente de la Delegación del Gobierno.
Aquí es especialmente importante separar los hechos comprobados de las valoraciones.
Un paciente con determinadas lesiones puede necesitar un traslado urgente por razones estrictamente clínicas, independientemente de su nacionalidad o situación administrativa. Para poder afirmar que existió un trato preferente por razones ajenas a criterios médicos sería necesario conocer los protocolos, diagnósticos y circunstancias de cada derivación.
Por ello, la denuncia merece ser aclarada, pero no permite concluir por sí sola que existiera discriminación contra pacientes españoles.
También denuncian prioridad en hemodiálisis
Las fuentes sanitarias citadas aseguran igualmente que algunos pacientes recién llegados habrían recibido sesiones de hemodiálisis mientras residentes locales soportan importantes esperas.
También en este punto resulta imprescindible conocer la situación clínica concreta.
La hemodiálisis puede constituir un tratamiento imprescindible y urgente en determinados pacientes. La existencia de una lista de espera para determinadas prestaciones no significa necesariamente que todos los pacientes tengan la misma prioridad clínica.
Sin esos datos, establecer una comparación directa podría ofrecer una imagen distorsionada.
Lo que sí resulta legítimo preguntar es si la llegada extraordinaria de pacientes ha obligado a incrementar unos recursos que previamente se consideraban insuficientes para la población residente.
El verdadero escándalo sería disponer de recursos y no utilizarlos
El debate puede convertirse rápidamente en una confrontación entre españoles e inmigrantes, pero eso desviaría la atención de la responsabilidad política y administrativa.
Un hospital debe atender a una persona que necesita asistencia urgente. Su situación administrativa no elimina una emergencia médica.
La cuestión políticamente relevante es otra: si el Hospital Universitario de Ceuta disponía desde hacía años de una zona moderna con más de 30 camas, respiradores, monitores y bombas de perfusión, ¿por qué no se empleó anteriormente cuando podía resultar necesaria?
Si los testimonios de los sanitarios son correctos, existe un problema que requiere explicaciones.
Los ceutíes tienen derecho a saber qué recursos sanitarios existen, por qué permanecen cerrados y bajo qué criterios se decide activarlos.
Ceuta afronta una presión extraordinaria sobre sus servicios públicos
La crisis migratoria vuelve a evidenciar una realidad que desde la Península puede quedar diluida: Ceuta soporta una presión fronteriza excepcional por su posición geográfica.
Cuando se produce una entrada masiva, una ciudad de dimensiones reducidas tiene que movilizar recursos extraordinarios prácticamente de inmediato.
Y esa realidad obliga al Gobierno central a garantizar que la ciudad disponga de suficientes policías, sanitarios, funcionarios, instalaciones y capacidad asistencial.
La respuesta no puede consistir únicamente en movilizar recursos cuando la situación alcanza niveles críticos. También debe existir una planificación estable para los residentes.
Ingesa debe explicar por qué la sala permaneció cerrada
La controversia necesita ahora respuestas oficiales.
La Administración sanitaria debería detallar cuándo fue creada la sala de catástrofes, cuál fue su inversión, cuántas camas tiene operativas, qué equipamiento alberga y cuáles son exactamente sus criterios de activación.
También debería explicar si es cierto, como aseguran los profesionales consultados, que se planteó anteriormente utilizarla durante situaciones de sobrecarga y esas propuestas fueron descartadas.
Porque el problema no es que un migrante enfermo reciba asistencia sanitaria.
El problema aparecería si se confirma que recursos públicos modernos permanecieron durante años sin utilizar mientras los pacientes habituales y los profesionales del Hospital Universitario de Ceuta trabajaban con medios insuficientes.
La crisis migratoria ha abierto las puertas de una sala que llevaba años cerrada. Ahora corresponde a la Administración abrir también la puerta de las explicaciones.


