Xu Jiayin, que llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de Asia, ha sido condenado por múltiples delitos económicos. La Justicia china ordena además la confiscación de sus bienes mientras Evergrande afronta una compleja liquidación tras protagonizar uno de los mayores derrumbes empresariales del país.
La caída de Evergrande ya tiene una sentencia de enorme contundencia contra el hombre que construyó su imperio. Xu Jiayin, también conocido como Hui Ka Yan, ha sido condenado a cadena perpetua en China por múltiples delitos económicos vinculados a la gestión del que llegó a convertirse en uno de los mayores grupos inmobiliarios del planeta.
El empresario pasó de crecer en una familia humilde a convertirse en uno de los hombres más ricos de Asia. Ahora, su patrimonio ha sido confiscado y sus hijos también han sido condenados, según la información publicada sobre la resolución judicial.
El caso adquiere una dimensión todavía mayor por las sanciones económicas. Evergrande deberá afrontar una multa de 8 820 millones de yuanes —unos 1 125 millones de euros—, mientras que una de sus filiales deberá pagar otros 7 000 millones de yuanes, aproximadamente 894 millones de euros.
La condena representa el último capítulo de una historia que simboliza los excesos del extraordinario auge inmobiliario chino: deuda, expansión acelerada, proyectos por centenares de ciudades y una gigantesca estructura empresarial que terminó derrumbándose cuando dejó de fluir el crédito.
Xu Jiayin, condenado por múltiples delitos económicos
La Justicia china considera a Xu Jiayin responsable de delitos que incluyen apropiación indebida, fraude en la captación de fondos, divulgación ilegal de información y soborno corporativo, según la información conocida sobre la sentencia.
El fundador de Evergrande no ha sido el único condenado.
La resolución afecta a otras 56 personas relacionadas con el conglomerado, incluidos sus hijos Xu Zhijian y Xu Tenghe. Estos últimos han recibido penas de entre 6 y 18 años de prisión, además de multas y confiscaciones patrimoniales.
El alcance de la actuación judicial demuestra hasta qué punto Pekín ha decidido cerrar uno de los episodios corporativos más traumáticos de su historia económica reciente.
Sin embargo, la condena penal de sus antiguos responsables no resuelve el gigantesco problema financiero dejado por Evergrande.
La compañía continúa inmersa en su liquidación y numerosos acreedores nacionales e internacionales intentan recuperar parte del dinero perdido.
La Justicia apunta a años de manipulación financiera
Las autoridades chinas sostienen que los problemas de Evergrande fueron mucho más allá de una estrategia empresarial equivocada o de un exceso de deuda.
Según la sentencia recogida en la información publicada, entre 2016 y 2021 Evergrande Group, Evergrande Real Estate y Xu Jiayin habrían falsificado de manera continuada y generalizada sus estados financieros, inflando activos y ocultando pasivos.
Las conductas investigadas abarcan presuntos mecanismos de captación fraudulenta de fondos, emisión fraudulenta de valores y divulgación ilegal de información relevante.
Las autoridades también concluyeron que Evergrande y Xu accedieron irregularmente a créditos y fondos procedentes de entidades financieras y aseguradoras.
Entre las actuaciones recogidas por la sentencia aparecen asimismo delitos relacionados con soborno corporativo, concesión ilegal de préstamos y utilización ilícita de fondos.
Xu habría aprovechado además su posición como presidente de Evergrande Real Estate para organizar operaciones financieras fraudulentas y apropiarse de activos empresariales bajo la apariencia de dividendos.
El agujero de Evergrande alcanzó dimensiones históricas
El caso permite comprender los riesgos del modelo que impulsó durante años una parte del crecimiento económico chino.
Evergrande creció mediante una fórmula agresiva: comprar suelo, levantar promociones, vender rápidamente y utilizar cantidades enormes de deuda para continuar expandiéndose.
Mientras el mercado inmobiliario chino avanzaba, el mecanismo permitió un crecimiento espectacular.
Cuando las condiciones cambiaron, la deuda se convirtió en una trampa.
La promotora llegó a convertirse en uno de los grupos inmobiliarios más endeudados del mundo y su crisis terminó explotando en 2021, cuando comenzó a incumplir sus obligaciones financieras.
Tres años después, en 2024, los reguladores chinos acusaron a la principal filial inmobiliaria del grupo de haber inflado en más de 560 000 millones de yuanes sus ingresos mediante el reconocimiento anticipado de ventas.
La magnitud de la cifra convirtió el caso en uno de los grandes escándalos contables de la historia empresarial reciente.
De hijo de un trabajador a multimillonario asiático
La biografía de Xu Jiayin resulta especialmente llamativa precisamente por el contraste entre sus orígenes y su caída.
Nació en Henan en 1958 y creció en condiciones económicas humildes. Su padre era trabajador manual y Xu inició su trayectoria profesional en una siderúrgica.
Las reformas económicas impulsadas por Deng Xiaoping transformaron posteriormente sus perspectivas.
En 1992 abandonó la siderurgia y comenzó a introducirse en el negocio inmobiliario en Guangzhou, una de las ciudades que protagonizarían la explosión económica del sur de China.
Cuatro años después, en 1996, fundó Evergrande.
Había nacido el imperio.
Evergrande llegó a construir más de 1 300 proyectos
Durante las siguientes décadas, el crecimiento de la compañía fue vertiginoso.
Evergrande llegó a desarrollar más de 1 300 proyectos inmobiliarios repartidos por unas 280 ciudades, convirtiéndose durante un periodo en la mayor promotora china por volumen de ventas.
Su expansión tampoco terminó en los ladrillos.
El conglomerado utilizó la riqueza generada por el mercado inmobiliario para introducirse en negocios tan diversos como vehículos eléctricos, agua embotellada, servicios financieros o fútbol profesional.
La empresa llegó a controlar el Guangzhou Evergrande, uno de los clubes que simbolizó la ambición china por transformar su fútbol mediante inversiones multimillonarias.
Pero semejante crecimiento necesitaba cantidades extraordinarias de dinero.
Evergrande se convirtió en un enorme prestatario de deuda denominada en dólares y recurrió constantemente a bancos, inversores, proveedores y mercados financieros para mantener funcionando la maquinaria.
La deuda que construyó el imperio terminó destruyéndolo
Durante años, Evergrande consiguió superar sus tensiones de liquidez buscando nuevos inversores o refinanciando obligaciones.
Pero Pekín decidió endurecer las condiciones del mercado inmobiliario en 2020 para contener el endeudamiento excesivo de los promotores.
El cambio regulatorio golpeó directamente el corazón del modelo de Evergrande.
La empresa necesitaba financiación constante y las restricciones redujeron drásticamente su capacidad para continuar endeudándose.
En 2021 llegaron los impagos.
Lo que inicialmente parecía una crisis empresarial terminó convirtiéndose en un problema de alcance internacional por la enorme cantidad de acreedores, compradores, proveedores e inversores expuestos al conglomerado.
El desplome de Evergrande golpeó al modelo inmobiliario chino
El hundimiento no puede entenderse únicamente como la caída de una empresa.
Durante décadas, el sector inmobiliario fue uno de los grandes motores de la economía china. La urbanización acelerada, el crecimiento de las ciudades y el aumento de la riqueza familiar alimentaron una demanda gigantesca.
La vivienda adquirió además una enorme importancia como vehículo de ahorro para las familias.
Ese modelo permitió crecer a promotoras como Evergrande, pero generó simultáneamente enormes niveles de deuda y una fuerte dependencia del incremento continuado de los precios y de las ventas.
Cuando el ciclo cambió, quedaron expuestas sus debilidades.
Evergrande se convirtió así en el símbolo internacional de la crisis inmobiliaria china.
Hong Kong ordenó liquidar Evergrande en 2024
Los intentos de reorganizar la deuda del conglomerado tampoco consiguieron evitar el desenlace.
Tras los impagos iniciados en 2021 y los posteriores intentos de reestructuración, un tribunal de Hong Kong ordenó la liquidación de Evergrande en 2024.
La decisión abrió una batalla especialmente compleja.
La compañía acumulaba activos, obligaciones y acreedores dentro y fuera de la China continental, lo que complica extraordinariamente cualquier procedimiento destinado a recuperar el dinero.
Ahora, los liquidadores y acreedores continúan examinando los bienes disponibles.
La condena de Xu Jiayin no significa, por tanto, que los acreedores vayan a recuperar automáticamente las cantidades adeudadas.
Xu Jiayin habría recibido más de 7 000 millones de dólares en dividendos
Uno de los aspectos más controvertidos del caso está relacionado con la fortuna personal acumulada por el fundador.
Según cálculos de Bloomberg citados en la información original, Xu Jiayin recibió más de 7 000 millones de dólares en dividendos durante aproximadamente una década.
Una parte considerable de su riqueza procedía precisamente de su participación mayoritaria en Evergrande y de las distribuciones de efectivo realizadas desde que la compañía comenzó a cotizar en Hong Kong en 2009.
El contraste resulta especialmente significativo: mientras la compañía acumulaba obligaciones gigantescas, su fundador había recibido miles de millones en dividendos.
La sentencia ordena ahora confiscar sus bienes.
China endurece su respuesta contra los grandes magnates
El caso Evergrande tampoco constituye el primer ejemplo de una respuesta extraordinariamente severa de Pekín contra importantes empresarios.
Wu Xiaohui, expresidente de Anbang Group, fue condenado en 2018 a 18 años de prisión por fraude y malversación.
Mucho más extrema fue la actuación contra Lai Xiaomin, antiguo presidente de China Huarong, condenado por delitos entre los que figuraba el soborno y ejecutado en 2021.
También fueron detenidos responsables del conglomerado HNA Group después del colapso de otro imperio empresarial construido mediante una expansión financiada con grandes cantidades de deuda.
La condena contra Xu Jiayin vuelve a enviar un mensaje inequívoco al sector empresarial chino: la riqueza y el tamaño corporativo no garantizan protección cuando el Partido Comunista y las autoridades judiciales deciden actuar.
La caída de Evergrande deja una advertencia para Occidente
El caso contiene además una lección que trasciende las fronteras de China.
El crecimiento basado en crédito abundante, deuda creciente y expectativas de que los inmuebles seguirán revalorizándose indefinidamente puede sostenerse durante años, pero acumula riesgos enormes cuando cambia el ciclo económico.
Evergrande llegó a representar precisamente el éxito de ese modelo.
Después pasó a representar su fracaso.
Una compañía presente en cientos de ciudades, dirigida por uno de los mayores multimillonarios de Asia y aparentemente demasiado grande para caer terminó entrando en suspensión de pagos y posteriormente en liquidación.
De multimillonario a cadena perpetua
La trayectoria de Xu Jiayin resume como pocas el extraordinario ascenso y las contradicciones del capitalismo bajo control político chino.
Pasó de trabajar en una siderúrgica a fundar en 1996 una compañía que acabaría construyendo más de 1 300 proyectos. Llegó a situarse entre las mayores fortunas de Asia y extendió sus negocios mucho más allá del sector inmobiliario.
Tres décadas después de crear Evergrande, su imperio está siendo liquidado, sus bienes han sido confiscados y él afronta cadena perpetua.
La sentencia puede cerrar una etapa judicial para su fundador, pero la larga agonía de Evergrande todavía está lejos de terminar.
Miles de millones continúan en juego y los acreedores siguen buscando activos con los que recuperar sus pérdidas. Mientras tanto, Pekín intenta estabilizar un mercado inmobiliario cuyo crecimiento descontrolado contribuyó durante años a alimentar el espectacular ascenso de Evergrande.
La historia del gigante chino deja una conclusión difícil de ignorar: una empresa puede parecer invencible mientras el crédito fluye; cuando la deuda supera a la realidad económica, hasta los mayores imperios pueden derrumbarse.


