Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán se mantienen estancadas, lo que ha prolongado el cierre del Estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte petrolero internacional. Actualmente, cruzan por el estrecho alrededor de 10 buques diarios, en comparación con los cientos que transitaban antes del conflicto iniciado en marzo de 2026.
El cierre ha provocado un aumento sostenido en el precio del petróleo durante agosto, con un incremento acumulado del 12% y seis días consecutivos de subidas. El barril de Brent, referencia en la Unión Europea, alcanza cerca de 90 dólares, cifra considerablemente superior a los 70 dólares previos al inicio de la guerra.
Ante esta situación, varios países consumidores han buscado alternativas energéticas, reducido la demanda y utilizado reservas estratégicas para mitigar el impacto.
Según el último Informe del Mercado Petrolero de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), publicado el 6 de agosto de 2026, en julio las reservas mundiales de petróleo disminuyeron en 69 millones de barriles, debido a interrupciones en las exportaciones desde el Golfo Pérsico y el Mar Caspio, que redujeron notablemente el transporte marítimo de crudo. Las reservas terrestres también decrecieron en 6 millones de barriles, con un ritmo más lento ligado a la reducción en las liberaciones de reserva de emergencia por parte de la AIE, a pesar del descenso continuado en las reservas de crudo en China.
Desde el inicio del conflicto, las reservas totales han caído en 410 millones de barriles, a un ritmo de 2,7 millones diarios. Esta reducción ha generado advertencias en distintos análisis económicos y energéticos que señalan riesgos para el equilibrio del mercado.
Aunque los precios actuales se mantienen en niveles moderados comparados con pasadas crisis, entidades financieras como Bank of America, Wood Mackenzie, Goldman Sachs y JPMorgan anticipan que de mantenerse el bloqueo, en el último trimestre de 2026 el barril de Brent podría alcanzar valores entre 120 y 140 dólares.
Estas previsiones incluyen posibles impactos económicos como la reducción en la producción de petróleo y cambios en los patrones de consumo a nivel global.
La propia AIE ha ajustado sus proyecciones de demanda para 2026, anticipando una reducción en el consumo global de 1,6 millones de barriles diarios, 510 000 barriles diarios más que en estimaciones previas, debido a la persistencia del bloqueo en Ormuz y los precios elevados del combustible.
Analistas destacan que si el cierre del Estrecho de Ormuz se extiende un mes más, el impacto en los precios sería limitado, pero un prolongación hasta tres meses —finales de 2026— podría agotar las reservas y elevar los precios a niveles no observados desde la Gran Recesión de hace 18 años.


