Exteriores rechaza oficialmente las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla después de que el ministro de Justicia de Marruecos invoque un supuesto «derecho histórico» sobre ambas ciudades. La respuesta llega en plena crisis migratoria de Ceuta.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha trasladado oficialmente a Marruecos su rechazo a cualquier reivindicación sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, después de que el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reivindicara este viernes un supuesto «derecho histórico» de Rabat sobre las dos ciudades españolas.
La reacción supone un nuevo episodio de tensión en una relación bilateral especialmente sensible. Y llega en un momento particularmente delicado: España afronta una grave crisis migratoria en Ceuta mientras Marruecos vuelve a colocar sobre la mesa sus aspiraciones territoriales.
El Ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, ha sido contundente: «Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas» y forman parte de la «integridad territorial» y de la «soberanía» de España.
Marruecos vuelve a reivindicar Ceuta y Melilla
El origen de la nueva controversia está en unas declaraciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, quien este viernes volvió a reivindicar el denominado «derecho histórico» de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.
La respuesta española se produjo mediante los correspondientes canales diplomáticos.
Según fuentes del Ministerio de Exteriores citadas por Europa Press, el Ejecutivo comunicó a Rabat que «rechazamos y rechazaremos tajantemente cualquier planteamiento distinto respecto a Ceuta y Melilla».
El mensaje resulta inequívoco: para España no existe una negociación abierta sobre la soberanía de las dos ciudades autónomas.
Exteriores no precisó, sin embargo, si José Manuel Albares mantuvo una conversación directa con su homólogo marroquí o si la protesta fue transmitida exclusivamente a través de otros canales diplomáticos.
El Gobierno reivindica la soberanía española
La posición trasladada por Exteriores se sustenta en tres ideas fundamentales: soberanía española, integridad territorial y pertenencia a la Unión Europea.
El Gobierno ha recordado a Marruecos que Ceuta y Melilla forman parte de España y constituyen también frontera exterior de la Unión Europea.
Además, Exteriores sostiene que su soberanía española está «reconocida internacionalmente».
«Son igualmente parte integrante del territorio de la UE», han subrayado desde el departamento de Albares.
La contestación adquiere especial importancia porque cualquier cuestionamiento de Ceuta y Melilla no afecta únicamente a dos territorios españoles del norte de África. También introduce una cuestión estratégica sobre las fronteras exteriores de la Unión Europea en el Mediterráneo.
Ceuta y Melilla, una línea roja para España
La soberanía sobre Ceuta y Melilla constituye una de las grandes líneas rojas históricas de la política exterior española respecto a Marruecos.
Rabat ha mantenido tradicionalmente reivindicaciones sobre ambas ciudades, mientras que España sostiene que Ceuta y Melilla son partes integrantes del territorio nacional.
La posición oficial española, por tanto, no contempla un proceso de descolonización ni una negociación bilateral sobre su soberanía.
Precisamente por eso, las palabras del ministro marroquí vuelven a evidenciar una realidad incómoda en las relaciones entre Madrid y Rabat: la cooperación bilateral convive con una discrepancia territorial de enorme profundidad.
España y Marruecos mantienen intereses compartidos en comercio, inmigración, seguridad, lucha contra el terrorismo y cooperación policial. Pero la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla continúa apareciendo periódicamente como uno de los asuntos capaces de tensionar la relación.
La reivindicación llega en plena crisis migratoria de Ceuta
El momento elegido añade una dimensión política especialmente delicada.
Las declaraciones marroquíes llegan mientras Ceuta se encuentra en el centro de una crisis migratoria que ha provocado una intensa confrontación entre el Gobierno, PP y Vox sobre el control fronterizo, los retornos y la situación de los menores extranjeros.
La coincidencia temporal obliga a separar los hechos que están acreditados de las interpretaciones políticas.
Por un lado, Marruecos ha vuelto a reivindicar derechos históricos sobre Ceuta y Melilla y España ha respondido rechazándolos.
Por otro, Ceuta atraviesa una crisis migratoria vinculada a las entradas procedentes de territorio marroquí.
La información disponible no demuestra por sí sola que ambas circunstancias formen parte de una estrategia coordinada de Rabat, por lo que establecer una relación causal requeriría pruebas adicionales.
Sin embargo, políticamente resulta inevitable que ambas cuestiones vuelvan a alimentar el debate español sobre hasta qué punto Marruecos puede ser considerado un socio fiable y qué instrumentos debería utilizar España para defender sus fronteras.
El incómodo equilibrio de Sánchez con Marruecos
La relación con Rabat ha sido uno de los capítulos más controvertidos de la política exterior de Pedro Sánchez durante los últimos años.
España necesita la colaboración marroquí en cuestiones especialmente sensibles, desde la inmigración irregular hasta la cooperación policial y antiterrorista. Marruecos, al mismo tiempo, constituye un socio comercial relevante y una pieza estratégica en el norte de África.
Pero esa cooperación no elimina las profundas diferencias existentes.
Y la principal es precisamente Ceuta y Melilla.
La nueva reivindicación de Ouahbi vuelve a colocar al Ejecutivo ante un dilema diplomático: preservar una relación considerada estratégica con Rabat sin permitir que esa cooperación pueda interpretarse como una debilidad española ante las pretensiones territoriales marroquíes.
Esta vez, al menos públicamente, la respuesta de Exteriores ha sido categórica.
Albares marca límites a Rabat
El Ministerio encabezado por José Manuel Albares ha elegido una fórmula que no deja margen para interpretaciones sobre la posición institucional española.
Ceuta es España. Melilla es España.
Y ambas forman parte de la integridad territorial española.
La respuesta tiene además una dimensión europea. Al recordar que las ciudades autónomas son territorio de la Unión Europea, el Ejecutivo eleva implícitamente el debate más allá de una mera disputa bilateral hispano-marroquí.
Ceuta y Melilla son también puntos estratégicos para la gestión de la frontera exterior europea y para las relaciones entre la UE y su vecino del sur.
La soberanía no debería depender del color político
La defensa de la integridad territorial constituye uno de los pocos ámbitos en los que debería existir una posición de Estado inequívoca.
Las diferencias entre Gobierno y oposición pueden centrarse en cómo gestionar la relación con Marruecos, qué política migratoria aplicar, qué capacidad de presión debe ejercer España o qué nivel de cooperación mantener con Rabat.
Pero la soberanía española sobre Ceuta y Melilla no debería convertirse en una variable de negociación partidista.
El mensaje transmitido ahora por Exteriores va precisamente en esa dirección: Madrid rechaza cualquier planteamiento que cuestione la españolidad de ambas ciudades.
Marruecos mantiene abierto un problema que España considera cerrado
Ahí reside la diferencia fundamental entre ambos países.
Para España, la soberanía de Ceuta y Melilla no está sometida a discusión.
Marruecos, en cambio, continúa realizando periódicamente reivindicaciones históricas sobre ambas ciudades.
Esa incompatibilidad de posiciones explica por qué el asunto reaparece incluso durante periodos de aparente buena relación diplomática.
El nuevo episodio también plantea una cuestión estratégica para el futuro: ¿puede España construir una relación estable y privilegiada con un país cuyo Gobierno continúa cuestionando públicamente una parte de su territorio?
La respuesta diplomática de este viernes establece al menos el límite que Madrid asegura no estar dispuesto a cruzar: Ceuta y Melilla son españolas y su soberanía no está en negociación.


